Enrique Zamudio
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En la Solemnidad de Corpus Christi, el Obispo de la Diócesis de Querétaro, Mons. Fidencio López Plaza, encabezó la multitudinaria procesión con el Santísimo Sacramento que recorrió cuatro altares colocados en la Parroquia de Santa Ana, el Templo de Capuchinas, el Templo Expiatorio y la Santa Iglesia Catedral, para culminar con la Ceremonia Eucarística en la plazuela Mariano de las Casas.
“La vida cristiana es un Corpus Christi sin ocaso, un día para adorar, pero sobre todo un día sin ocaso para comer, alimentarnos y nutrirnos del pan bajado del cielo, ya que sólo así podremos ser pan partido y repartido para los demás”, expresó Mons. Fidencio López Plaza.
Sacerdotes, religiosas y religiosos y decenas de fieles católicos recorrieron las calles del Centro Histórico haciendo una reflexión sobre la presencia de Jesús Sacramentado en la Eucaristía.
Durante la homilía, Mons. Fidencio López Plaza compartió que durante esta procesión fue posible reflexionar en el camino como un camino sinodal; en la realidad compleja que estamos viviendo; así como en la Palabra de Dios que -sostuvo- hacer arder nuestros corazones.
Lo que tendría que ocurrir -dijo- después de este camino y de celebrar la Santa Eucaristía sería el regreso a los hogares como testigos de Jesucristo resucitado y con la lección aprendida: “A Cristo se le reconoce al partir el pan”.
“La Eucaristía es la cumbre y la fuente de la vida cristiana, una experiencia fundamental, es la experiencia central de los seguidores de Jesús. Sin la Eucaristía no hay Iglesia. Sin la Eucaristía no hay discípulos, tampoco hay sentido en esta vida”.
Don Fidencio expresó que para tener vida dentro de nosotros necesitamos alimentarnos de Jesús, nutrirnos de su aliento, interiorizar sus actitudes y sus criterios de vida.
“Éste es el secreto y la fuerza de la Eucaristía. Solo lo conocen aquellos que comulgan con Él y se alimentan de su Pasión por el Padre y del amor por sus hijos”.
El prelado afirmó que el lenguaje de Jesús tiene una gran fuerza expresiva al manifestar que quien se nutre de la Eucaristía experimenta que su relación con Jesús no es algo externo, sino que se alimenta desde dentro.
“Jesús no es un modelo de vida que imitamos desde fuera, alimenta nuestra vida desde dentro: ‘El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él’”, manifestó el Obispo Fidencio López Plaza”.
Finalmente, Mons. Fidencio López Plaza subrayó que de nosotros depende hacernos como Jesús, es decir, hacernos pan partido y repartido para que los demás nos coman.
“Esta experiencia de habitar en Jesús y dejar que Jesús habite en nosotros puede transformar nuestra vida y la raíz de nuestra fe”, apuntó.


