Foto Sixto Picones

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Mons. Fidencio López Plaza encabezó instituyó los ministerios de acolitado y lectorado en la Catedral de Querétaro 

Son muchos los miedos que hacen sufrir en secreto a las personas, pero el miedo hace daño pues se pierde de vista a Dios, sentenció el obispo de la Diócesis de Querétaro, Fidencio López Plaza, quien destacó que una comunidad de seguidores de Jesús debe ser un lugar donde la gente se libera de sus miedos y aprende a vivir confiado en Dios.

Durante la Santa Eucaristía de institución de ministerios de acolitado y lectorado que encabezó en la Catedral de Querétaro, reiteró que en esta comunidad los fieles deben respirar una paz contagiosa y vivir una amistad entrañable que haga posible escuchar la llamada que Jesús en su momento le hizo a sus discípulos: “¡No tengan miedo!”.

“¿Cómo van a tener miedo? ¿Cómo no va a ocuparse el padre de sus hijos que anuncian la buena noticia? Por eso Jesús insiste en no tener miedo, quien se pone de mi parte nada ha de temer. Son muchos los miedos que hacen sufrir en secreto a las personas, pero el miedo hace daño, hace mucho daño, donde crece el miedo se pierde de vista al Señor y se ahoga la bondad que hay en los corazones de las personas, la vida se acaba, la alegría desaparece”.

En este sentido, el Obispo enlistó tres razones para no tener miedo, como lo planteó el Evangelio del santo domingo: la fuerza incontenible del Evangelio anuncia la Buena Nueva, que es Jesucristo mismo; la entereza interior de los propios evangelizadores, quienes podrán ser perseguidos pero no sé podrá neutralizar su espíritu, su libertad y su vida; mientras que en la tercera razón señala que la superación del miedo se fundamenta en la confianza inquebrantable que los discípulos tenían en Dios, a quién reconocen e invocan como padre.

Exhortó a los presentes que desde todos los púlpitos y foros se hable de Dios y de la Buena Nueva del Reino de Dios; asimismo a no tener miedo de quienes pueden quitar la vida del cuerpo, sino a quienes quitan la vida eterna.

Finalmente, pidió a los presentes unirse con todos los cristianos católicos de México en un día de oración por las víctimas de la violencia y por los desaparecidos.