La creación de un panel de controversias contra la prohibición en México del maíz transgénico bajo el T-MEC, ha evidenciado la intención de Estados Unidos y Canadá de “enajenar la soberanía nacional y alimentaria”, así como la “imposición” de un modelo agroalimentario que ha tenido “graves consecuencias” como una mayor migración, epidemias de obesidad y diabetes, y “una fuerte crisis en el campo que nos vuelve dependientes” de las importaciones de productos básicos como el maíz amarillo, provenientes de “una elite de productores beneficiados con subsidios millonarios”, aseveró la Campaña Nacional Sin Maíz No Hay País.

(La Jornada)

En un posicionamiento sobre la solicitud planteada por los gobiernos de los países miembros del acuerdo comercial, sostuvo que “es indispensable apoyar la posición del gobierno mexicano”, toda vez que se basa en el “derecho inalienable a la salud”, así como a los de un medio ambiente sano y la biodiversidad de los maíces nativos de México.

Las organizaciones que conforman la Campaña Nacional destacó que el decreto presidencial que ordena la sustitución progresiva del uso del herbicida glifosato y la prohibición del maíz genéticamente modificado, publicado en el Diario Oficial el 31 de diciembre de 2020, “inició la oportunidad histórica de materializar cambios profundos ante el modelo neoliberal”.

No obstante, tan pronto apareció el primer decreto “iniciaron las presiones del gobierno de Estados Unidos y de las corporaciones agroalimentarias a las que representa” y desembocaron en una petición de consultas técnicas en junio de 2023, cuestionando las bases científicas en que se sustenta dicho decreto, apuntó.

Foto: José Carlo González tomada del articulo en La Jornada.

Mencionó que el gobierno estadunidense se ha negado, pese a que se han presentado las pruebas necesarias y el gobierno mexicano ha propuesto incluso realizar una investigación conjunta con el propósito de analizar los daños ocasionados por el glifosato y los maíces transgénicos a la salud humana.

“Esta negativa demuestra que no existe voluntad de avanzar de manera constructiva, ya que el solo hecho de aceptarlo pondría en duda lo que Estados Unidos y las trasnacionales han buscado en poner como verdad absoluta: que el paquete tecnológico glifosato/maíz GM no con lleva daños a la salud”, expuso.