Fue en la presentación de su nuevo libro: La Hacienda de El Marqués de la Villa del Villar del Águila, donde se develó una placa.
Por Luis Montes de Oca
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No se necesita buscar la prosa poética, cuando todo lo da, cuando el tiempo mismo y el clima son benignos, y flotan en la atmósfera sentimientos de respeto y admiración, de cariño y amistad. Lazos fraternos.
A quien esto escribe, le correspondió el privilegio de formar parte de la presentación del nuevo libro de el Dr. Jaime Zúñiga Burgos, Cronista del Estado, cuya bibliografía asciende a más de 50 volúmenes publicados sobre Querétaro, su tierra natal y el lugar fuente de inspiración en su vida, de su anhelos y afanes.
El homenaje al Dr. Zúñiga Burgos, fue organizado y convocado por el propietario de la Hacienda de El Marqués, Lic. José Antonio González de Jáuregui y Zubizarreta y su esposa Lizzie, editor del libro y quien dijo al principio de la velada que tenía dos sorpresas dejando a los asistentes en suspenso.
Inmersos en la historia, entre túneles, muros naturales de cantera rosa, esculturas, carretas y el firmamento encima, acompañado de familiares y amigos, José Tomás Jaime Zúñiga Burgos, recibió el reconocimiento a su labor, a su trayectoria como médico egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México, cuando aquí en este Querétaro no había las posibilidades de estudiar todas las carreras y tuvieron que emigrar de su paso en la UAQ como estudiante de Derecho, titulándose como abogado y posteriormente su maestría en Administración Pública; sus cargos como presidnete de la Asociación Nacional de Padres de Familia, secretario general de la delegación Querétaro, del sindicato del Seguro Social; como delegado Nacional de Semarnat, delegado municipal y diputado local, además de haber sido candidato a gobernador.
Pero la vida le deparaba una tarea más, el dejar en tinta todo ese conocimiento, el escribir de su pueblo y de su gente, no como un acto psicomotriz sino cognitivo, con la importancia que revista la investigación, el trabajo de campo, el acopio de la información, la descripción de los hechos y la edición de un libro y otro y otro hasta sumar 50 o más y tener segundas y terceras ediciones, y ser clasificado con 27 títulos en el catálogo mundial de escritores.
Habrá detractores, gente que trata de desvirtuar el trabajo con el chiste fácil y la mala leche, pero su trabajo pesa y así fue reconocido entre la asistencia que por momentos, con un nudo en la garganta, no pudo evitar alguna lágrima cargada de nostalgia, de ese Querétaro del que Jaime Zúñiga Burgos ha emergido para dejarlo plasmado en tinta y letra de molde.
Jaime refirió el programa Rescatando lo nuestro, los seis años de producción y dejando un legado para los queretanos, por los lugares que fueron mostrados y que ahora difícilmente se podrán visitar.
Recordó, teniendo a un lado la escultura en cera de El Marqués de la Villa del Villar del Águila, a Modesto Cervantes Sistos y la importancia y aportes de su trabajo, destacó al Marqués como benefactor del Querétaro y dio pormenor de los que representa la Hacienda y los atados de escritos ya de amarillentas fojas que describen las necesidades y las preocupaciones de aquellas personas que fueron forjadores de lo que ahora gozamos en Querétaro.
“Qué diré yo de estar hoy aquí —señaló el Cronista del Estado—. La emoción desde luego es mucha, son muchas andanzas, muchos años, hemos visto como se ha ido transformando la hacienda, gracias al esfuerzo de nuestros amigos Toño González Jáuregui y Lizzie su señora esposa y su familia, que siempre nos han acogido con entusiasmo y con mucha calidez y que nos felicitamos por lo que han hecho por este lugar”.
Más adelante y después de una ovación, Jaime retomó la plática para decir que hay tanto en nuestra historia y es tan interesante, que no hay que buscar en otro lado, en Querétaro tenemos más que suficiente y entonces volvió a suceder: Jaime fue la voz de la recopilación de los abuelos, fue leyenda y aparecidos; fue miedo al ir al cadalso y coraje en las luchas, epopeyas queretanas, narradas de viva vez; Jaime parece transformarse, ser coparticipe de las preocupaciones de El Marques de la Villa del Villar del Águila, madera sedienta y deteriorada que clama por cuidado, del molde de la escultura de la estatua del mismo marqués, y crujido en la columna cuando un cañonazo la partió. Fue a la vez frescor de las hortalizas y las aguas de la Cañada, ingenio y técnica para la construcción de los acueductos, enfermedad y cura en los primeros hospitales y rechinido de las ruedas de las carretas que recogían las pilas de cadáveres en las calles de Allende y Madero, por la epidemia que diezmó a la población.
Hubo momentos en que nada se movía, solo la voz de Jaime nos abrigaba a todos los presentes, inclusive los murciélagos se asomaron al igual que los cacomixtles y las estrellas, para ver que estaba pasando que de la Hacienda de la Villa del Marqués del Águila, se elevaba una luz que iba dejando formas, las formas de lo platicado por Jaime.
Cuando todo parecía que había llegado a su clímax, era una ilusión más, porque entró a escena el anfitrión portando un bastón y pidió a un servidor, que se lo entregara al Doctor Zúñiga Burgos, como un reconocimiento a su trayectoria y trabajo, como un agradecimiento por todo el apoyo para recuperar la Hacienda.
Vaya cosas, el bastón entregado a Jaime, perteneció nada menos que a don Timoteo Fernández de Jáuregui, con más de 200 años de antigüedad, pero como era una noche mágica, habría que darle un tinte de realidad y entonces Jaime, desenvainó la espada del bastón, porque tenía esa doble función, la ayuda para caminar y el arma para defenderse, el bastón de uno de los descendientes director del Marqués de la Villa del Villar del Águila quien sería el VII Marqués, don Timoteo Fernández de Jáuregui.
El momento fue muy elocuente, pero no menos, cuando el mismo anfitrión pidió que fuera el Dr. Jaime Zúñiga Burgos, quien develara una placa y para sorpresa de todos, es una placa alusiva al mismo Jaime, cuya leyenda dice:
“Cronista del Estado de Querétaro y Municipio de El Marqués
Dr. Jaime Zúñiga Burgos
Impulsor de la historia de esta hacienda
del Marqués de la Villa del Villar del Águila”.
Arriba los sellos del Municipio marquesino y del INAH.
Luego, luego todo fue felicitaciones, abrazos, fotografías selfies, brindis y firma de libros y así, se fue acumulando la noche, hasta quedar solo las estrellas y las sombras que van creciendo, en espera de que el sol, vuelca a iluminar a La cañada y la hacienda de la Villa del Villar del Águila, con sus tonos marrones y amarillos, con sus pisos, que guardarán las huellas de quienes ahí vivimos esto, una homenaje a un hombre que ha dado todo por su estado y sigue trabajando incansablemente en la necesidad de dejar un vasto legado para los queretanos.
Felicidades doctor, felicidades Querétaro. Ya es otro día.


