POR ALEXANDRA LOBATO
ESCRITORA
Resultado de improvisadas observaciones de índole antropológica, he descubierto a lo largo de muchísimos años que a la gente, al menos en nuestra sociedad, pocas cosas les resultan tan fascinantes como el cuerpo: el propio y el de los demás. Por desgracia, esta fascinación no responde a intereses científicos, ni de salud física, ni de la construcción moral o el comportamiento ético al respecto del mismo.
De ordinario en salones de profesores, en cambiadores de centros deportivos, en las áreas de recreo en las empresas, en los cafés, así como en reuniones familiares, las conversaciones giran en una gran medida en torno al tamaño, proporciones, arreglos, cirugías estéticas, a fajas, maquillaje, ropa y accesorios para adornar o supuestamente embellecer el cuerpo.
En el pasado hubiera afirmado que esta inclinación tan poco interesante ante la infinita cantidad de temas de conversación que las personas podemos tener era una tendencia mayoritariamente femenina, pero, in crescendo la desgracia, ahora sé que es un asunto expandido y extendido como plaga entre ambos sexos y todos los géneros de la especie humana.
Ante tan abrumadora certeza empírica, la propuesta es la siguiente: ¡NO HABLEMOS DEL CUERPO!
No hablemos de él con ese enfoque que es el más extendido. Expondré las razones por las que considero que el cuerpo no debería ser un tema en este tipo de aproximaciones:
La gran mayoría de los seres humanos nos sentimos incómodos en alguna medida con nuestro cuerpo. Si esta afirmación es causa o consecuencia del pésimo manejo que culturalmente hemos dado a la imagen personal, es tema para otro momento. ¿Qué necesidad tenemos de sentirnos y hacer sentir mal a los demás recordándonos con tan obsesiva cháchara que hay algo, siempre, que no nos gusta de nosotros mismos?
En general las personas tenemos un índice de salud aceptable, cada quien sabe qué “engrane” le falla, pero esto es un tema extremadamente privado, de modo que alimentar las observaciones o críticas a las formas, tamaños y aspecto de nuestra corporalidad es innecesario.
Hablar del cuerpo y su vestimenta, arreglo o desaliño es entrometerse en la vida privada de quienes son observados. Nadie, cuando habla del cuerpo, habla solamente del suyo, cosa que sería aceptable, aunque tremendamente aburrido para los posibles interlocutores.
No hay una verdad absoluta en criterios estéticos sobre la belleza de las formas humanas. Por fortuna venimos en envases increíblemente diversos y esa diversidad es belleza, porque es la naturaleza expresándose en plenitud. De modo que hablar de “deber ser” de un cuerpo humano es una falla de principio.
Yo soy una mujer alta y robusta comparativamente para nuestro medio social, pero gracias a algunos viajes a otros países descubrí de forma clara y explícita la perspectiva que representan las tallas de ropa: en Asia no me quedaba nada, en todo caso algunas tallas XXL o más y me sentía una obesa empedernida, pero en los países del norte de Europa mi talla es M o L, lo que me animaba bastante. Pero eso es absurdo: ¡mi ánimo o desánimo no puede depender de las letras en las etiquetas!, puesto que el cuerpo robusto y hermoso que tengo es el mismo que me llevó a Asia y a Europa, no es que me hubiera cambiado de piel.
Por último, es importante aclarar que no soy la excepción ante la autocrítica, pero he comenzado a aceptar y amar mi cuerpo grande y a la vez saludable.
Deberíamos pues, comenzar a considerar que las conversaciones sobre el cuerpo y la ropa o accesorios de la gente, son conversaciones innecesarias, de mal gusto en el sentido de que siempre terminarán incomodando a alguien, criticando a alguien y sumando a una sociedad superficial y que siembre en los niños y jóvenes esa tendencia a criticar de forma negativa su auto imagen.
Mejor cuidémonos, tratemos de tener hábitos saludables, celebremos la belleza de la diversidad de colores, tamaños, formas y hasta gustos en el arreglo personal, y eduquemos a nuestros jóvenes en la aceptación de las diferencias y en cultivar los cuidados, el amor y el agradecimiento para su propio cuerpo.
Cualquier aportación, crítica o conversación que quieran tener pueden enviarla a: [email protected]


