POR FELIPE MOSTERÍN CANTÓN
HISTORIADOR
Eurípides (484/0-406 antes de nuestra era) es uno de los tres poetas de quienes conservamos textos completos de algunas de sus obras teatrales. Su estilo se caracteriza por presentar unos personajes alejados del ideal heroico, aproximándose más hacia problemáticas propias del humano común y corriente. Su tragedia denominada “Troyanas”, presentada por primera vez en el año 415 a.n.e., ejemplifica perfectamente esta vinculación con las emociones más profundas del ser humano, particularmente en relación con la brutalidad de la guerra y el coraje necesario para enfrentar las duras realidades que ésta trae a quienes la sufren en carne propia.
La tragedia se desarrolla ante la vista de una Troya todavía en llamas, recién tomada por los aqueos, quienes acaban de echar a suertes la repartición de las mujeres de la nobleza troyana, consideradas como botín o expolios de guerra. Estas mujeres son las protagonistas de nuestra tragedia: Hécuba, reina de Troya; sus hijas Casandra y Polixena; sus nueras Helena, “causante” de la guerra, y Andrómaca, quien lleva en brazos a su huérfano de padre Astianacte. Un mensajero les comunica su destino a estas mujeres, quienes lloran y se intentan consolar ante el cruel destino que les imponen sus conquistadores. Agamenón, líder de la expedición invasora y rey de Micenas, se llevaría a Casandra; tanto para compartir el lecho como para ser esclava de su esposa. Andrómaca fue sorteada para Neoptólemo, hijo de Aquiles, el asesino de su esposo. Odiseo se quedaría con Hécuba y Menelao se llevaría de vuelta a Helena.
Mientras lloran por el destino individual que les depara, el mensajero de los vencedores les comparte las otras resoluciones de sus amos: la hija de Hécuba, Polixena, será destinada al sacrificio en honor del fallecido Aquiles; y Astianacte, el bebé de Andrómaca, será precipitado desde las altas torres de Troya para eliminar cualquier posibilidad de venganza futura. Así, las troyanas lloran y sopesan sus calamidades, planteándose el dilema en el cual ahora se encuentran como supervivientes sometidas. ¿Cómo debería ser su comportamiento, cara a sus nuevos dueños, los verdugos de sus maridos? Dialogan sobre la actitud realista que deberían tomar dadas sus crueles circunstancias, pues en nada se beneficiarían rechazando a sus captores, quienes incluso amenazan con dejar insepulto el cadáver de Astianacte en caso de que decidan resistirse al destino que les impusieron. ¿Qué esperanzas pueden abrigar estas esclavas viudas, ante un ejército vencedor? Solamente quedaría intentar complacer los deseos de sus nuevos amos para conseguir suavizar el trato hacia ellas y respetar los ritos funerarios para el niño ejecutado.
Helena, quien fue robada por Paris ocasionando el estallido de la guerra, nos regala una reflexión acerca del peso de su propia belleza: ¿fue acaso una bendición o más bien una condena a la esclavitud? Pues fue su belleza la que motivó su captura y la que hace que ahora sea “arrastrándole por sus cabellos, tan manchados de sangre” de vuelta a Esparta donde sería ejecutada como venganza por la muerte de tantos aqueos.
Esta tragedia antibelicista de Eurípides nos presenta los desastres de la guerra a través de la experiencia de las desafortunadas e inocentes mujeres troyanas. Sin haber participado en las decisiones políticas ni en las hostilidades, son ellas junto a los niños quienes sufren las crueldades más innombrables del conflicto. Eurípides mismo fue testigo del sufrimiento que ocasiona la guerra al ver a su natal Atenas, primero ejerciendo la fuerza militar con su escuadra naval, consiguiendo consolidar un imperio mediante la presión coercitiva a sus aliados, y después la vio sufriendo las desgracias ella misma durante la Guerra del Peloponeso contra los espartanos.
Troyanas es una tragedia que remueve las entrañas a través de la presentación del sufrimiento ocasionado deliberadamente por el ser humano. Es un canto en rechazo a la guerra y una denuncia contra las crueldades cometidas en ella. Ya sea la precipitación de un niño desde las murallas de su ciudad o el bombardeo planeado contra un hospital infantil, la crueldad humana en la guerra parece no ser muy distinta a través del tiempo; solamente mejoran las tecnologías para ejecutarlas. Es fácil empatizar con el sufrimiento de las protagonistas atemporales de Eurípides; ojalá sus lamentos y reflexiones ayuden a quienes necesiten consuelo, así como a deponer las armas en todos lados.


