Tu mapa literario
Ana Saavedra Villanueva
La idea de un mapa literario no es mía, ni mucho menos. Pero los beneficios y placer implícito de “trazar nuestra ruta” está al alcance de todos. Sobre todo, la versión a la que me refiero; lejos de la rígida académica en que se busca conectar colecciones de artículos sobre algún tema de investigación en cuestión. Una herramienta sin duda útil y a la que la tecnología potencializa de forma admirable.
Sin embargo, el día de hoy hablo de un mapa literario personal. Uno que trace la ruta que, de forma individual, cada uno ha seguido como lector. Lo que les propongo, pues, es un ejercicio totalmente lúdico. Porque el lector es, en esencia, un coleccionista. Colecciona historias, aventuras, viajes, personajes y esto da forma al que podemos llamar el “corazón lector”, ya que el lector en cuestión lleva todo lo anterior dentro. La médula de la experiencia lectora radica en absorber ese contenido para hacerlo nuestro.
Esa colección también se materializa en libros, géneros preferidos, autores favoritos, incluso editoriales como gusto culposo; sin olvidarnos luego del lugar físico que irán a ocupar nuestros tesoros en papel: los libreros, o en esta caso llamémosle “anaquel literario”. Vaya, que un lector es un coleccionista y su biblioteca, su tesoro.
Con lo anterior en mente, estamos de acuerdo que estos libros pertenecen a autores que radican en lugares distantes, y es aquí donde cada quién, como lector, puede comenzar a trazar su ruta. Cada experiencia tendrá un resultado único, y al visualizarla de forma consciente, quizá explique muchos de nuestros gustos en otros ámbitos de la vida, o incluso nuestra línea de pensamiento.
Nuestro mapa lector literario también dejará claro las ausencias. En este punto tendremos dos opciones: reafirmar el por qué no hemos visitado ciertos lugares, o replantear nuestras próximas lecturas para darles cabida a textos que hemos dejado de lado por múltiples razones.
Además, contamos con muchos recursos visuales, disponibles en línea que muestran, en un mapamundi, los grandes títulos por país que, según la crítica, no debemos perdernos. Aquí vale apuntar que estas selecciones son sin duda subjetivas, pero destacan títulos que lograron notoriedad no sólo en su lugar de origen, lo que les permitió trascender fronteras tanto territoriales como temporales.
Estos mapamundis accesibles en internet pueden también ayudar a lectores en formación a determinar qué ruta quieren seguir o, incluso, disfrutar del placer de marcar los destinos que ya han visitado.
En mi caso particular, les comento, todo comenzó en Rusia. Anna Karenina fue el libro responsable de hacerme viajar por primera vez a esas regiones nevadas, entre isbas, kopeks y vodka. Desde luego mi espíritu coleccionista me llevó a leer más obras de León Tolstoi y ello a su vez, a ponerlo como mi autor favorito y el responsable de luego “visitar” a sus vecinos y maravillarme con las letras de Dostoevsky y su precisión para señalar las miserias humanas; las instantáneas de Chéjov o la pluma magistral de Vladimir Nabokov.
El mapa hace evidente que Rusia es uno de mis destinos favoritos, pues, sin ser de forma consciente, lo he visitado múltiples veces con la certeza de que el pensamiento de sus autores es sin duda universal, ya que rompe con todas las barreras del tiempo y el espacio. Aunque, desde luego, no es el único; pues he hecho paradas fascinantes en Francia con las sublimes letras de Víctor Hugo, Guy de Maupassant, Julio Verne, Alexandre Dumas, Antoine de Saint-Exupéry y desde luego el mismísimo Voltaire.
Tuve también que hacer una parada en Italia para prestar atención a Dante Alighieri, Boccaccio, Umberto Eco o el imprescindible Maquiavelo, por mencionar algunos de mi recorrido europeo. Este recorrido no oculta mi gran tendencia a los clásicos, un punto del que ya les hablaré en otra ocasión con la ayuda, precisamente, de Ítalo Calvino.
Por su parte, mi recorrido en el continente americano es uno de los que también me siento orgullosa, pues he tenido el placer de prestarle atención y empeño. Pero antes de que esta reflexión se convierta en mi mapa literario personal, los invito a todos a visualizar el suyo. Quizá sean diestros en la plástica y puedan llevarlo a una pintura en constante expansión. Tal vez tengan una pared disponible y puedas allí plasmar su ruta. O puede que sus dotes digitales les permitan aprovechar los recursos tecnológicos y hacer de éste, un mapa virtual en el que, además pueda constar la fecha en que leyeron un libro y alguna reflexión importante que valga la pena atesorar en el tiempo.
A lo que voy es que los libros nos llevan a viajar no solo al lugar en que se desarrollan las historias, sino también al lugar geográfico del autor; pues de alguna forma se trasmina en sus tramas, personajes o escenarios. Marquemos, pues, nuestro viaje lector y determinemos nuestras siguientes paradas.
Por último, los invito a seguir las redes de Anaquel Literario y aprovechar que en febrero estamos por comenzar con nuestros talleres, en línea, para escritores principiantes. Contacto: [email protected]


