Yo, bombo… Yo, bombo… Era lo nico que Manolo acertaba a decirle a una joven polica sudafricana, que lo miraba con incredulidad y nos miraba al resto en busca de respuestas. Lo nico que encontraba eran risas. Manolo no estaba dispuesto a dejar el bombo para entrar en el estadio Ellis Park, donde Espaa deba enfrentarse a Honduras, como le exiga la responsable de seguridad. Los nervios le impedan enlazar las cuatro palabras de su rudimentario ingls. Alguien le dijo a la polica que Manolo era nuestro Nelson Mandela, a lo que el aludido contest: Que soy el qu?. La agente se contagi de las risas y, con alguna explicacin ms, accedi a dejarle pasar. Yo, bombo… Yo, bombo…, repeta mientras se adentraba en las tripas del estadio. Esas dos palabras sintetizaban, en realidad, su vida, la de un personaje que llevaba la alegra a las gradas, aunque su vida se desmoronara como la de un juguete roto.
Espaa gan a Honduras (2-0) en el Ellis Park de Johannesburgo y comenz el camino hacia el ttulo despus de caer contra Suiza. La recuperacin de la seleccin de Vicente del Bosque fue, en cambio, en paralelo a la recada de Manolo, aquejado de una fuerte citica. Alojado con los periodistas, peda continuamente ibuprofeno hasta que ya no pudo ms y, entre lgrimas, dijo: Me tengo que ir a casa. El debut de Espaa haba desatado crticas y dudas, por lo que Manolo regres apenado, pero sin la sensacin de perderse algo histrico. Espaa gan a Portugal, en octavos, y a Paraguay, en cuartos, para alcanzar las semifinales. La seleccin haba encontrado el juego, pero le faltaba el bombo.
“El bombo o yo”
El siguiente problema era un problema que persegua a Manolo: el dinero. Una separacin con cuatro hijos que estuvieron tiempo sin hablarle, una segunda relacin de la que sali ms endeudado y negocios ruinosos relacionados con la hostelera, las copas y hasta el alterne, con un local en la carretera de Sariena, lo haban dejado seco. Su primera mujer, una belleza, segn repeta, le dijo: El bombo o yo. Al volver, se encontr el piso vaco. Apenas conservaba su bar-museo, junto a Mestalla, que tambin acab por cerrar.
Si estaba en Sudfrica, como en todos los Mundiales anteriores desde Espaa’82, haba sido por las ayudas de la Federacin en los tiempos en los que viajar con la seleccin era una frustracin constante. En los chrter con los jugadores y los periodistas apenas lo hacan Manolo y Revilla, un prestamista con americana de prestamista, siempre la misma.
Haba que ayudar a Manolo a volver a Sudfrica, insistir a la Federacin y a los patrocinadores. Para eso, ngel Villar era fcil, un sentimental. Lo hizo en uno de los chrters que desplazaban a familiares. Cuando se subi al autocar para ir al estadio de Durban, escenario de la semifinal ante Alemania, a Manolo se le haban quitado todos los dolores. Vio marcar a Puyol en directo, como a Iniesta en la final. Ya me puedo morir, dijo entonces. Le quedaban partidos y le quedaba tiempo, pero un tiempo que le depar decepciones y le llev a rayar la depresin.
Bocadillos para los nios
La Federacin cambi, con la llegada de Luis Rubiales, y el cario, tambin. Acudi todava al Mundial de Rusia, que estaba comprometido, pero ya nadie le llam para ir a Qatar. Manolo sinti que no era correspondido. Haba dejado su vida por la seleccin, pero el ftbol no le responda, todo lo contrario que los aficionados. Era reclamado para autgrafos y fotografas ms que cualquier jugador. En el primer viaje de la seleccin a Albania tras la cada del rgimen comunista, la tripulacin slo estaba interesada en fotografiarse con dos personas, Manolo y Jos Mara Garca. En Tirana, pidi a todos los bocadillos de la prensa para repartirlos entre los nios harapientos.
Manolo, en un partido de Espaa.EFE
Haba nacido en La Mancha, hijo de un albail, pero creci en Huesca, vivi en Zaragoza y, finalmente, en Valencia, donde puso el bar-museo al que haba que ir a por el bocadillo antes del partido. Acudi a un encuentro entre Zaragoza y Valencia, los dos equipos de mi vida, recin operado de menisco, y la Cruz Roja le dio una vuelta al ruedo en La Romareda.
La gran aparicin de Manolo se produjo en el Mundial de Espaa, en 1982, en el que se desplazaba de una ciudad a otra en auto-stop. Fingi vomitar para bajarse, despus de que un conductor alemn se le insinuara, e hizo otro de los tramos en un coche fnebre, con el bombo apoyado sobre el atad. Pona nombres a los tambores, como si tuvieran vida, como si fueran los hijos de los que se haba alejado. Al primero le llam Clarete, hecho en Calanda. Despus lleg Pingino y, finalmente, ‘Escachuflau’, por los desperfectos tras un accidente.
Nunca se separaba de su instrumento y se enfadaba si le obligaban a facturarlo en los aviones. Al llegar a Zenica, en Bosnia, para jugar un partido en la era de Luis Aragons, alguien apareci a la carrera y se llev el bombo. El conductor del autobs lo atrap. No era la primera vez. Dada la suciedad de las habitaciones, durmi en la recepcin, abrazado al bombo como se abraza a una pareja.
Voy a llamar a Movistar para ponerlo en el bombo?, dijo en una ltima comida. Haban pasado ya los tiempos de los bolos con las selecciones de Costa Rica o Venezuela. Tendr que venderlo, se resign despus. Ese da haba muerto en vida.



