Entre luces, mariachis y globos tricolores, se realizó la peregrinación anual de los mercados de Querétaro

Nayeli Hernández 

Fotos: Sixto Picones 

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La tarde cayó despacio sobre el Centro Histórico, pero las calles ya estaban encendidas mucho antes del anochecer. 

Desde lejos se veía el destello de las camionetas adornadas: focos multicolores, tiras luminosas que dibujaban siluetas en movimiento y, en medio de todo, las imágenes de la Virgen de Guadalupe elevadas sobre montajes florales. 

Era el aviso de que comenzaba la tradicional peregrinación anual de los mercados de Querétaro, una fiesta que cada año reúne a locatarios y comerciantes para honrar a La Morenita antes de su día.

Desde los mercados de la capital: el Mercado Escobedo, el 4 de Marzo, El Tepe, Santa Rosa Jáuregui, entre otros; fueron saliendo el grupo de fieles, quienes avanzaban entre risas, cánticos y el bullicio que dejaban ver que se trataba de una celebración. 

Algunos caminaban, otros iban en camionetas cuya batea se convertía, por una noche, en altar rodante. Globos verde, blanco y rojo ondeaban al ritmo del viento, flotando encima de las flores y los arreglos que resguardaban la imagen guadalupana.

Cuando la procesión tomó las primeras calles del Centro, los mariachis hicieron lo suyo: las notas de Las Mañanitas se desbordaron entre balcones, comercios y casonas antiguas. A su paso, curiosos se detenían a grabar, comerciantes y transeúntes salían a las puertas y se detenían para ver pasar el agrupamiento.

La mezcla de devoción con estridencia festiva resonó por las principales calles del centro histórico, como sólo los locatarios saben celebrar y agradecer los milagros cumplidos, un año más de ventas y de salud. 

La caravana avanzó sin prisa, iluminando cada esquina que tocaba; entre los participantes había jóvenes y niños, quienes caminaban a paso veloz, pero también adultos mayores, quienes llevaban su propio ritmo, algunos asistidos por bastones o el brazo de algún familiar. Otros cargaban rosas y algunos llevaban collares de luz colgados al cuello, pero nadie parecía cansado. 

La peregrinación, esa mezcla de fe, tradición y oficio, seguía moviéndose como un río colorido hacia la Congregación, donde en el primer minuto del 12 de diciembre sonarán con fuerza las mañanitas a la morenita en su gran día.

Y así, entre plegarias, música y el tintinear de cientos de adornos, los locatarios completaron su recorrido, reafirmando una tradición que para ellos no solo se celebra: se vive, se canta y se acompaña con todo el corazón. Cada año, dicen, la Virgen los guía. Esta vez, como siempre, también los iluminó.