La presidenta del Patronato del SMDIF destacó la necesidad de que más mujeres cuenten con las herramientas necesarias para su empoderamiento, así como la defensa de sus derechos y su dignidad

Por Jahaira Lara 

Fotos: Sixto Picones 

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Detrás del cargo de Presidenta del Patronato del Sistema Municipal DIF de Querétaro, se encuentra una mujer cuya vocación no nació en el escritorio, sino en el trabajo que desde hace más de dos décadas ha realizado, convencida de que la familia es el núcleo donde se sana a una sociedad. 

Adriana Olvera de Macías no llegó a este puesto por azar, cuenta con una trayectoria que transita entre la contaduría y la sensibilidad profunda de la orientación familiar. Un camino que se ha fortalecido con los recorridos por diferentes zonas de la capital, que le han permitido conocer de cerca las necesidades de los sectores vulnerables.  

Es así como comparte con esta casa editorial, Noticias, su trayectoria, sus batallas y su convicción inquebrantable de servir a su ciudad con calidez humana y escucha, para cambiar la historia de las familias queretanas y enaltecer la dignidad de las mujeres; ahora desde el cargo honorífico que desempeña desde el 2024.

 

Descubre en la orientación familiar su vocación 

 

Aunque se formó como Contadora Pública en la Universidad Autónoma de Querétaro, la maternidad y los retos cotidianos de la crianza fueron el detonante que la llevaron a buscar otras herramientas: “Descubrí que lo mío era la orientación y la educación familiar”, confiesa con la seguridad de quien ha encontrado su propósito.

Fue así que lo que comenzó como una necesidad personal de obtener un apoyo para guiar a sus hijos Felipe Fernando, Emmanuel y Angie, así como fortalecer su relación matrimonial, se convirtió en su camino profesional. La Sra. Adriana se formó en la Maestría en Ciencias de la Familia, un paso que describe como un antes y un después en su vida.

Durante más de dos décadas, mucho antes de asumir su cargo actual, ya recorría las calles de las zonas urbanas y zonas rurales desde el Instituto Municipal de las Familias, también como voluntaria o a través del proyecto “Escuela para Padres”, donde trabajó con adolescentes y familias en diversos municipios, incluyendo Corregidora y la capital. 

La experiencia “en campo”, sin las limitaciones de un horario de oficina, le permitió conocer de primera mano las carencias, pero también la resiliencia de la gente, especialmente de las mujeres.

 

Mujeres deben empoderarse y defender su dignidad 

 

Como mujer, la señora Adriana reconoce que a pesar de que se ha avanzado, el camino hacia la equidad aún está lleno de obstáculos, especialmente en las zonas rurales. Y es que, si bien en su vida profesional ha tenido la fortuna de no sufrir discriminación directa, observa con ojo crítico los retos que enfrentan otras mujeres.

“A veces nuestras ideas como mujeres tienen que ‘cacarearse’ más para ser tomadas en cuenta”, señala al compartir su diagnóstico como presidenta del patronato respecto a las desventajas que aún se observan y la necesidad de que más mujeres cuenten con las herramientas necesarias para su empoderamiento, así como la defensa de sus derechos y su dignidad.

En este contexto, también destaca la situación de las familias en  Querétaro que son encabezadas por madres solteras, mujeres encargadas de dar sustento a sus familias o que se ven obligadas a quedarse al frente se sus hogares, mientras el padre sale en busca de mejores oportunidades económicas, incluso en el extranjero.

“Hay muchas mujeres solas criando a sus hijos. Ellas se quedan en una situación de desventaja respecto al resto porque no solo enfrentan la falta de recursos, sino un patrón de baja autoestima y soledad”, explica. 

Pero a este problema se suma la “pobreza de vínculos”, asegura, situación que afecta transversalmente a las nuevas generaciones; niñas, niños y adolescentes que ante la ausencia de figuras de autoridad presentes o la falta de tiempo de las madres que trabajan de manera exhaustiva, experimentan una desconexión emocional y la falta de un proyecto de vida.

“Los jóvenes no sienten que pertenecen a la familia. Por eso buscan afuera quién les dé ese cariño, sin importar quién sea. Hay una falta de proyecto de vida en los jóvenes, están dispersos en las redes sociales porque las fracturas familiares les han quitado el piso”.

Por ello, es que la estrategia -considera- es el empoderamiento real que surge cuando una mujer descubre sus propias capacidades, de ahí la importancia de impulsar su crecimiento y formación. Mujeres que aprenden oficios como un medio de subsistencia, pero sobre todo un ejercicio de rescate de su propia dignidad.

Por otra parte, le preocupa el rezago en temas como las pensiones alimenticias y la protección de los derechos de las niñas en las comunidades. Tema en el que puso al DIF como una “puerta abierta”, explicó, para que ninguna niña queretana vea cerradas sus oportunidades por su origen o género.

 

La familia como Eje

 

Detrás de la figura pública, hay una mujer que valora el equilibrio. Adriana recuerda con nostalgia y satisfacción los años en los que decidió dedicarse de lleno a la crianza de sus hijos, compaginando su inquietud profesional con las tareas del hogar. “Me enamoré de ellos y no me quería perder nada”, dice al recordar los festivales escolares y los primeros pasos de sus hijos.

Hoy, en una etapa donde sus hijos son adultos, su esposo se ha convertido en su mayor cómplice, apoyándola en las tareas del hogar para que ella pueda cumplir con su labor en el DIF.

Esta armonía familiar es la que intenta proyectar en su trabajo y es por eso que para la presidenta del Patronato del Sistema Municipal DIF, el mayor reto es fortalecer la institución de la familia en Querétaro para que sea una red de contención. Una familia firme y fuerte es, en sus palabras, el mejor blindaje contra la delincuencia y la desintegración social.

Además de que apuntó que no se puede hablar de paz social si no se erradica primero la violencia dentro de las paredes de la casa, por lo que durante su gestión ha puesto un énfasis especial en la prevención del abuso y la violencia contra los menores, situaciones que califica como “abominables”.

“Nada construye el tejido de la sociedad como las familias que se apoyan. Queremos acabar con la inseguridad, pero tenemos que empezar por la casa”, afirma.

 

Un legado de puertas abiertas

 

Al preguntarle cómo le gustaría ser recordada, Adriana no duda para responder: “como alguien que hizo todo lo posible por mejorar la vida de al menos una familia, un niño, una niña y un adulto mayor en soledad”, refirió. Para Adriana Olvera, el servicio no es una obligación política, es un acto de amor y justicia social que busca, ante todo, que cada ciudadano recupere la fe en su propio futuro.

Porque desde que inició en el servicio público tiene claro que su trabajo no responde a una obligación política, sino a un acto de amor y justicia social que busca, ante todo, que cada ciudadano recupere la fe en su propio futuro.

Su mayor inspiración viene de su madre, a quien define como un ejemplo de resiliencia y positivismo; de sus profesoras de maestría y de figuras como Eufrosina Cruz, cuya lucha contra el matrimonio infantil y por los derechos de las mujeres indígenas resuena en su agenda de trabajo.

 

La historia familiar pesa, pero no tiene porque anclar a las mujeres

 

Al reflexionar sobre el Mes de la Mujer, prefiere hablar de conmemoración más que de celebración. Marzo, asegura, es un recordatorio de lo que falta por hacer, de las “chicas invisibles” que siguen sufriendo en silencio.

Finalmente, al dirigir un mensaje para las nuevas generaciones de queretanas, les hace lamado a “que luchen por sus sueños, que no se conformen con lo que vienen arrastrando de años porque la historia familiar pesa, pero no tiene que anclarlas. Aquí en el DIF siempre encontrarán una puerta abierta”, detalló