La segunda estrella ha mostrado, ms an si cabe que la primera, la diferencia que en Espaa separa al ftbol de los dems deportes. Llevando su pasin hasta el sacrificio, dos millones de personas bajo un calor aplastante, aclamando a un grupo de jvenes triunfadores, reducen a la pequeez los reconocimientos recibidos por otros deportistas individuales y diferentes deportes colectivos a lo largo de nuestra historia.

Los homenajes populares, los fastos oficiales, la trascendencia meditica y la completa repercusin nacional, explosiva, absorbente, de este segundo ttulo han alcanzado cotas desbordantes. Quizs la Copa del Mundo, junto con la forma de obtenerla, ha llegado en un momento particularmente oportuno para una sociedad fracturada en el fondo y la forma. Autolesiva. Un pas necesitado de alegras sin trucos ni dobleces, de referentes limpios, de carencias eliminadas para mantener encendido el fuego de la autoestima y demostrar algn tipo de unin, de afinidad entre sus habitantes, divididos hasta el enfrentamiento a causa de las diferencias polticas.

Pero nada de esto sera posible sin la previa implantacin del ftbol entre nosotros, instalado en un espacio propio que tiende a menudo al arrinconamiento de los ajenos. Con la incontestable importancia de esta segunda estrella, Espaa corre el riesgo de volcar an ms hacia el ftbol sus energas y sus anhelos deportivos, atrayendo, desviando hacia su rbita atenciones, actuaciones y vocaciones.

sentimentalidad intemporal

Este Mundial, que enlaza con el de 2010, sumiendo hasta casi el piadoso olvido los de 2014, 2018 y 2022, alcanza objetivamente la importancia de los mximos logros histricos de nuestro deporte. Se une a ellos en la sentimentalidad intemporal en un recorrido desde los pioneros, cuyos nombres es innecesario recordar, hasta los xitos cimeros en las supremas competiciones de su especialidad de Fermn Cacho, Mireia Belmonte, Miguel Indurain, Rafa Nadal, Carlos Alcaraz, Carolina Marn, Fernando Alonso, Marc Mrquez, la gente de la vela, el remo, el baloncesto, el balonmano y tantos otros. Tambin el ftbol femenino y sus estrellas, la ltima incorporacin a la galaxia deportiva nacional. Hace ya mucho tiempo que Espaa, con estructuras bien concebidas y organizadas, no precisa de la aparicin de frutos poco menos que espontneos para ocupar un lugar de cierto peso, aunque desigual y desequilibrado, en el concierto deportivo mundial.

La mayor o menor extensin terrquea de los diferentes deportes establece jerarquas a la hora de valorar los xitos. No es lo mismo el atletismo, el ms practicado por toda clase de pases, desde los ms pudientes a los ms depauperados, desde los ms grandes hasta los ms pequeos, que el automovilismo, restringido a unos pocos territorios ricos y unas marcas multimillonarias.

Nuestras pasiones no son necesariamente compartidas, contagiosas o exportables. Sin duda, el ftbol, hacia el que nosotros nos volcamos, pertenece al grupo de los deportes ms populares del globo: la FIFA cuenta con 202 pases afiliados, 17 ms que la ONU, pero tres menos que la Federacin Internacional de Atletismo (World Athletics) y dos que la de Baloncesto (FIBA).

Los fans de Madrid enloquecen con el gol de Ferran Torres que ha dado el Mundial a Espaa

Sin embargo, su universalidad es, pese a todo, relativa y, demogrficamente minoritaria. Carece de tradicin, arraigo y autntico seguimiento y prctica en casi toda Asia, el hormiguero del planeta. Se diluye en la populosa inmensidad, en el denso abigarramiento de India (1.500 millones de habitantes), China (1.400), Indonesia (290), Pakistn (240), Filipinas (115), Vietnam (105) y la suma significativa, otros cientos de millones, de Laos, Camboya, Tailandia y una larga lista.

En Europa y Amrica, el ftbol comparte escenario, sin estorbarlos, con muchos otros deportes (en Londres se reunieron la semana pasada ms de 60.000 personas para ver el rcord del mundo de la milla). Y, en algunos pases (los alpinos, los nrdicos) cede el trono al esqu y las especialidades invernales. En Estados Unidos, el gigante olmpico junto a China, al football y el bisbol. En Australia, a la natacin. En lugares concretos de aqu y all, como en Kenia y Etiopa, las mecas de las carreras de fondo, casi ni existe.

La Tierra es muy grande, muy variada, y el baln, pese a su notoriedad, no alcanza a cubrirla y dominarla del todo. No obstante, un ttulo universal de ftbol suena o resuena por todas partes y proporciona a su titular un prestigio y una proyeccin internacional innegables. Espaa se ha ceido una corona que muchos perseguan y nicamente ella ha logrado. Slo cabe congratularse y esperar que, dentro de cuatro aos, aqu, en casa, la historia se repita.