{"id":2286,"date":"2023-01-24T20:55:12","date_gmt":"2023-01-25T02:55:12","guid":{"rendered":"https:\/\/informebajio.com.mx\/?p=2286"},"modified":"2023-01-24T20:55:12","modified_gmt":"2023-01-25T02:55:12","slug":"de-tlatelolco-a-aguililla-la-vida-disidente-de-alejandro-rodriguez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/informebajio.com.mx\/?p=2286","title":{"rendered":"De Tlatelolco a Aguililla, la vida disidente de Alejandro Rodr\u00edguez"},"content":{"rendered":"<div data-dtm-region=\"articulo_cuerpo\">\n<p class=\"\">Bueno para algunas cosas, el aislamiento de Aguililla salv\u00f3 la vida de Alejandro Rodr\u00edguez hace ahora 53 a\u00f1os, cuando a\u00fan era un muchacho imberbe. Estudiante rebelde, veterano de la <a href=\"https:\/\/elpais.com\/noticias\/tlatelolco\/\">matanza de Tlatelolco en Ciudad de M\u00e9xico<\/a>, Rodr\u00edguez necesitaba anonimato, discreci\u00f3n. Aguililla le entreg\u00f3 varios costales. \u201cQuer\u00edamos ser comunistas, \u00a1\u00edbamos a ser todos iguales!\u201d, dice ahora el hombre, entre divertido y resignado, camino de los 71, sentado a la sombra de un \u00e1rbol en este municipio de Michoac\u00e1n. Lo que iba a ser una breve etapa en su emocionante trayectoria de libertario acab\u00f3 por convertirse en su vida entera.<\/p>\n<p class=\"\">Elegante, sonriente, Rodr\u00edguez carga estos d\u00edas una resortera amarilla en el cuello. Vecino del centro de Aguililla, el destino ha querido que ahora sea \u00e9l quien vigile a los militares, villanos del momento en el municipio michoacano. <a href=\"https:\/\/elpais.com\/mexico\/2021-07-10\/michoacan-donde-el-ejercito-y-los-carteles-comparten-tres-kilometros-de-carretera.html\">Los pobladores acusan al Ej\u00e9rcito de desidia ante los grupos criminales y han instalado un plant\u00f3n a la puerta del cuartel<\/a>. Para algunos, el objetivo es presionarlos y que act\u00faen. Para otros, que se vayan. Rodr\u00edguez no acaba de definir su postura. Solo quiere que la carretera de Aguililla a Apatzingan, escaparate de la estrategia de los grupos delictivos, que la cierran y abren a su antojo, permanezca abierta.<\/p>\n<p class=\"\">La resortera es el arma de moda en Aguililla. Esta semana, decenas de vecinos de la cabecera municipal y los alrededores tra\u00edan la suya, al cuello o en la bolsa, esperando el toque de corneta, listos para una nueva batalla a pedradas. Desde finales de junio, los vecinos hostigan as\u00ed a la guarnici\u00f3n, como en un tebeo de <i>Asterix y Obelix<\/i> en el que los roles est\u00e1n por definir. En circunstancias normales, los galos irreductibles ser\u00edan los vecinos y los romanos, los militares. Pero resulta que son los segundos quienes viven encerrados en su aldea-cuartel, rodeados de vecinos-romanos con ganas de hincarles el diente.<\/p>\n<p class=\"\">Rodr\u00edguez nunca se fue de Aguililla. Primero se qued\u00f3 para que los militares no le encontraran, luego porque se enamor\u00f3 y se cas\u00f3. Despu\u00e9s, porque nacieron sus hijos y, finalmente, porque se hizo un nombre como alba\u00f1il, adem\u00e1s de cocinero de birria y carnitas. <a href=\"https:\/\/elpais.com\/mexico\/2021-04-22\/llegan-los-criminales-y-te-tienes-que-salir.html?rel=listapoyo\">Hasta hace un par de a\u00f1os, cuando el crimen hizo de Aguililla su campo de batalla<\/a>, Rodr\u00edguez fue un hombre feliz. \u201cAqu\u00ed nadie me busc\u00f3, esto siempre ha estado abandonado de la mano de Dios\u201d, cuenta sin una gota de iron\u00eda.<\/p>\n<figure class=\"a_m a_m-h\"><span class=\"_db a_m_w _pr lb_btn\"><img alt=\"Rodr&#xED;guez se echa refresco en los ojos para contrarrestar el efecto del gas lacrim&#xF3;geno durante un enfrentamiento con el Ej&#xE9;rcito, el 7 de julio.\" decoding=\"auto\" class=\"_re lazyload a_m-h\" height=\"276\" srcset=\"https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/QpJ7Z7VKD6ibvEfpZxP4jtFTqTo=\/414x0\/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com\/prisa\/IPQ4YUJ2X5FAHNWQHVIZHR52NE.jpg 414w,https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/of49QdwtLmb3A3uadxjMzir9VIQ=\/828x0\/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com\/prisa\/IPQ4YUJ2X5FAHNWQHVIZHR52NE.jpg 640w,https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/V3cC6u27Jq81XJFguBpFiVFb1ls=\/980x0\/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com\/prisa\/IPQ4YUJ2X5FAHNWQHVIZHR52NE.jpg 1000w,https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/6xeVcEx3eMMDcmUI9hlQqD-N0GI=\/1960x0\/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com\/prisa\/IPQ4YUJ2X5FAHNWQHVIZHR52NE.jpg 1960w\" width=\"414\" loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/QpJ7Z7VKD6ibvEfpZxP4jtFTqTo=\/414x0\/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com\/prisa\/IPQ4YUJ2X5FAHNWQHVIZHR52NE.jpg\"\/><svg class=\"icon_multimedia_ampliar | _pa a_m_i a_m_i-a _dn\" viewbox=\"0 0 40 40\"><use xlink:href=\"#svg-ampliar\"\/><\/svg><\/span><figcaption class=\"a_m_p\"><span>Rodr\u00edguez se echa refresco en los ojos para contrarrestar el efecto del gas lacrim\u00f3geno durante un enfrentamiento con el Ej\u00e9rcito, el 7 de julio.<\/span><span class=\"a_m_m\">Teresa de Miguel<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<p class=\"\">El tirapiedras le da un aire juvenil a Rodr\u00edguez. Quiz\u00e1 consciente de ello, alborotado como sus vecinos por la guerra de las piedras, sus a\u00f1os estudiantiles afloran en la memoria con una emoci\u00f3n genuina. \u201cTen\u00edamos tomada la escuela, la prevocacional a la que iba all\u00e1 en Tuxtla\u201d, explica. Hijo de un ingeniero civil, \u00e9l, su madre y sus hermanos se trasladaron a la capital de Chiapas cuando estaba por iniciar la secundaria, a principios de la d\u00e9cada de 1960. El comunismo prend\u00eda en M\u00e9xico y \u00e9l, adolescente, se enamor\u00f3 perdidamente de una serie de ideas que ahora resultan dif\u00edciles de concretar. \u201cBien bonito que hablaban los l\u00edderes de la sociedad de alumnos\u201d, cuenta.<\/p>\n<p class=\"\">No recuerda exactamente cu\u00e1ndo estall\u00f3 la huelga en su escuela, pero para septiembre de 1968 ya hac\u00eda tiempo que \u00e9l y sus compa\u00f1eros ten\u00edan tomado el plantel. Supieron de una gran marcha que se estaba organizando en Ciudad de M\u00e9xico para el 2 de octubre y se les hizo f\u00e1cil requisar el autob\u00fas escolar, unos cuantos litros de di\u00e9sel y tomar la carretera hasta la capital. Llegaron por el oriente, a Iztapalapa, donde ya entonces funcionaba la c\u00e1rcel de mujeres. Y de all\u00ed caminaron hasta la plaza de las Tres Culturas.<\/p>\n<p class=\"\">\u201cEn la tardecita empezamos a ver soldados, pero nosotros \u00e9ramos muchos, \u00a1qu\u00e9 miedo \u00edbamos a tener!\u201d, recuerda Rodr\u00edguez. Es dif\u00edcil recordar aquella tarde en Tlatelolco porque a fuerza obligar\u00eda a destripar una emoci\u00f3n, ver su mecanismo. En los ojos del veterano aparecen, fugaces, im\u00e1genes de todo aquello, una juventud a\u00f1orada, querida. Tambi\u00e9n maldita. Pero son eso, destellos en las pupilas y un silencio que de repente interrumpe: \u201cFue entonces cuando empezaron los putazos\u201d.<\/p>\n<p class=\"\">El hombre evoca las horas siguientes de carrerilla. \u201cTiraban r\u00e1fagas y nosotros empezamos a correr, saltando muertos. Se escuchaba a los granaderos golpeando el escudo contra el suelo y el tolete contra el escudo\u201d, dice. Aficionado al marat\u00f3n, Rodr\u00edguez corri\u00f3 de vuelta hasta la c\u00e1rcel de mujeres en Iztapalapa, m\u00e1s de 20 kil\u00f3metros. \u201cSuerte que yo ya hab\u00eda corrido dos maratones en Tuxtla\u201d, se\u00f1ala. Sus compa\u00f1eros no podr\u00edan decir lo mismo. Al menos no todos. De los 48 que hab\u00edan viajado de Chiapas solo llegaron 15. Asustados, a las 22.30 de la noche ordenaron al chofer que emprendiese el camino de vuelta. \u201cSi vieras que calladitos est\u00e1bamos\u201d, r\u00ede.<\/p>\n<p class=\"\">La huelga en la escuela acab\u00f3 cuando el autob\u00fas estacion\u00f3 de vuelta en Tuxtla el 4 de octubre. Rodr\u00edguez fue a casa a ba\u00f1arse. Limpio y peinado, agarr\u00f3 sus libros y fue a clase, como si todos los meses de huelga no hubieran existido. \u201cPero mientras estaba en la escuela llegaron los militares a mi casa\u201d, recuerda. \u201cCuando volv\u00ed ese d\u00eda, mi padre me dijo: \u2018A ver, ven\u2019. Cuando mi padre dec\u00eda eso de \u2018a ver ven\u2019, yo sab\u00eda que ten\u00eda que contarle todo\u201d.<\/p>\n<p class=\"\">No hab\u00eda tiempo que perder. Los militares hab\u00edan prometido volver por la tarde para hablar con \u00e9l. Antes le hab\u00edan preguntado a su padre si no hab\u00eda estado en la marcha de Tlatelolco. \u00c9l les hab\u00eda dicho que no, que el ni\u00f1o nada m\u00e1s hab\u00eda participado en la huelga de la escuela, \u201ccuidando\u201d, pero de irse a M\u00e9xico nada. Al d\u00eda siguiente, su padre, asalariado de la Secretar\u00eda de Obras P\u00fablicas, pidi\u00f3 el traslado. Y su jefe pens\u00f3 en el lugar m\u00e1s perdido del pa\u00eds. Ese era Aguililla.<\/p>\n<p class=\"\">Amenaza lluvia en el pueblo michoacano y la historia de Rodr\u00edguez fluye como r\u00edo bravo. Hablar de aquellos d\u00edas es acceder a temporalidades extintas. No hay duda de que aquellas semanas de octubre de hace cinco d\u00e9cadas valen por treinta a\u00f1os en la vida de cualquiera. Aunque no se trata del valor, sino del espacio que ocupan im\u00e1genes tan grandes que resisten la introversi\u00f3n m\u00e1s exigente. No por nada, Rodr\u00edguez recuerda perfectamente el nombre del \u00e1rbol en el que se escondi\u00f3 durante un par de d\u00edas, mientras sus padres preparaban la mudanza. \u201cEl nuc\u00fa, un nuc\u00fa que ten\u00edamos en el corral. Uno que soltaba bolitas pegajosas, con las hojas rasposas. Las muchachas las usan para limarse las u\u00f1as\u201d, dice, ensimismado, como si viera las ramas.<\/p>\n<figure class=\"a_m a_m-h\"><span class=\"_db a_m_w _pr lb_btn\"><img alt=\"Rodr&#xED;guez, a la derecha, apaga con un cubo de tierra una bomba de gas lacrim&#xF3;geno lanzada desde el cuartel del Ej&#xE9;rcito durante una protesta en Aguililla.\" decoding=\"auto\" class=\"_re lazyload a_m-h\" height=\"276\" srcset=\"https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/Uh1dTG4nPeDzdKR9RD1dWM-Eefg=\/414x0\/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com\/prisa\/AHYAVH5T2BGXJMLWJ3CAE7DWJY.jpg 414w,https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/w2Lq0SneWjRtC8PE-EHPEd_9bio=\/828x0\/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com\/prisa\/AHYAVH5T2BGXJMLWJ3CAE7DWJY.jpg 640w,https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/8gh-FcFNbkLNxFTGWGhNds_PZYY=\/980x0\/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com\/prisa\/AHYAVH5T2BGXJMLWJ3CAE7DWJY.jpg 1000w,https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/fnG-aje4XAZmWOdyVg8kaG_YG24=\/1960x0\/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com\/prisa\/AHYAVH5T2BGXJMLWJ3CAE7DWJY.jpg 1960w\" width=\"414\" loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/Uh1dTG4nPeDzdKR9RD1dWM-Eefg=\/414x0\/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com\/prisa\/AHYAVH5T2BGXJMLWJ3CAE7DWJY.jpg\"\/><svg class=\"icon_multimedia_ampliar | _pa a_m_i a_m_i-a _dn\" viewbox=\"0 0 40 40\"><use xlink:href=\"#svg-ampliar\"\/><\/svg><\/span><figcaption class=\"a_m_p\"><span>Rodr\u00edguez, a la derecha, apaga con un cubo de tierra una bomba de gas lacrim\u00f3geno lanzada desde el cuartel del Ej\u00e9rcito durante una protesta en Aguililla.<\/span><span class=\"a_m_m\">Teresa de Miguel<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<p class=\"\">Rodr\u00edguez hizo el viaje a Aguililla disfrazado de trabajador de una empresa de mudanzas. \u201cMis padres se fueron por su lado, para no darles problemas. Y el jefe de la mudanza me pidi\u00f3 mis credenciales y las rompi\u00f3. Me dijo, \u2018si preguntan, no sabes leer\u2019. Y as\u00ed salimos\u201d. Cruzaron varios retenes, pero el disfraz dio el pego y llegaron a Aguililla sin demasiados sobresaltos. Entonces, la carretera era de tierra, pero al menos pod\u00edan circular sin preocuparse de los retenes de los grupos criminales. Una vez instalados al\u00ed, Rodr\u00edguez entr\u00f3 a trabajar con su padre, cuya labor consisti\u00f3 durante a\u00f1os en dar mantenimiento a la pista de tierra que comunicaba, ya entonces, Aguililla con Apatzing\u00e1n. El resto es historia. Se cas\u00f3, tuvo hijos, adopt\u00f3 a una ni\u00f1a, aprendi\u00f3 a cocinar carnitas con su suegra, se olvid\u00f3 del comunismo, centr\u00f3 su vida en salir adelante.<\/p>\n<p class=\"\">Como un acorde\u00f3n, los a\u00f1os que han pasado desde entonces se pliegan unos sobre otros. Rodr\u00edguez rescata titulares de los hechos importantes. Su mujer muri\u00f3 hace ya unos a\u00f1os y ahora sus hijos han crecido. Uno est\u00e1 en la frontera, la ni\u00f1a y su pareja pidieron y consiguieron refugio en Estados Unidos. Solo uno se qued\u00f3 en Aguililla, un hijo que le ha hecho abuelo. \u201cSi no fuera por el nietecito ya me hubiera marchado\u201d, cuenta. \u201c\u00bfQu\u00e9 iba a estar yo haciendo aqu\u00ed m\u00e1s que estar recordando?\u201d.<\/p>\n<p class=\"\"><a href=\"https:\/\/plus.elpais.com\/newsletters\/lnp\/1\/348\"><b>Suscr\u00edbase aqu\u00ed<\/b><\/a><b> <\/b>a la <i>newsletter<\/i> de EL PA\u00cdS M\u00e9xico y reciba todas las claves informativas de la actualidad de este pa\u00eds<\/p>\n<div class=\"a_r _cf\" id=\"ctn_premium_article\">\n<h3 class=\"a_r_e\">Reg\u00edstrate gratis para seguir leyendo<\/h3>\n<\/div>\n<\/div>\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Bueno para algunas cosas, el aislamiento de Aguililla salv\u00f3 la vida de Alejandro Rodr\u00edguez hace ahora 53 a\u00f1os, cuando a\u00fan era un muchacho imberbe. Estudiante rebelde, veterano de la matanza de Tlatelolco en Ciudad de M\u00e9xico, Rodr\u00edguez necesitaba anonimato, discreci\u00f3n. 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