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El equipo de Xavi Hernndez conquista la 27 Liga del Barcelona a cuatro jornadas del final y despus de golear al moribundo Espanyol en el derbi. Los ultras blanquiazules asaltaron el csped y obligaron a interrumpir la celebracin azulgrana

Los  jugadores del Bar
Los jugadores del Bara celebran la Liga en Cornell.ANDREU DALMAUEFE

El xito quiz sea la nica manera que tengamos de alejarnos del miedo, aunque nunca consigamos dejarlo atrs del todo. No convendra equivocarse, la alegra tiene sentido cuando sirve para aliviar el dolor. Cuatro aos de indiferencia siempre pesan cuando slo vale ganar. Ese Barcelona de Xavi Hernndez que encontr ante el moribundo Espanyol un buen momento para proclamarse campen, descubri en el ftbol un refugio donde recomponer el alma. Este equipo fresco y comprometido, liberado de las antiguas mordazas del ego y ajeno a los tejemanejes de los capataces, puede mirar al frente sin tener que rendir cuentas con el pasado. Y reivindicar un ttulo en el que ha credo como nadie. Celebr el ttulo con una sardana en el crculo central, y los radicales asaltaron el campo sin que nadie pudiera controlarlos. Los porrazos de una polica desbordada se sucedieron mientras los jugadores del Bara huan a la carrera en una escena surrealista. El ftbol puede ser muy deprimente.

Necesitaba el Bara ganar en esa hondonada de Cornell donde ya no hay espacio para los lamentos, sino para la revuelta. Antes del descanso, y gracias al tormento al que se vio arrastrado scar Gil ante la voracidad adolescente de Balde -asistente de Lewandowski en el 0-1, autor del 0-2-, el equipo azulgrana ya haba cerrado la noche. El polaco puso el pie en vez de la rodilla en el 0-3, demostrando que la edad no agrieta el oficio (son ya 31 goles esta temporada, 21 en la Liga), y la aficin del Espanyol se hart. En el minuto 40, los hinchas blanquiazules decidieron seguir cantando contra la jefatura del juguetero chino Chen Yansheng mientras muchos se marchaban. No los radicales, que esperaron al final para llevrselo todo por delante.

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No puede hacerlo el tcnico Luis Garca, al que le ofrecieron un proyecto descuartizado, y cuyo planteamiento ayud a un Barcelona que pudo bailar descalzo sobre las brasas. Los tres centrocampistas dispuestos por el Espanyol (Darder, Melamed y Denis), siempre en inferioridad numrica pero tambin fsica, fueron engullidos por Pedri, De Jong, Gavi y Busquets. El capitn del Bara nunca debi imaginar semejante placidez.

Braithwaite, que lo hizo todo a cmara lenta hasta lesionarse, examin la concentracin de hierro de Ter Stegen, slo superado por una vaselina de Puado y un tanto a deshora de Joselu. Pero pocos argumentos tiene este Espanyol, que slo luch por su dignidad en el ocaso y cuando ya todo estaba perdido. Kound reforz esa sensacin tras atrapar con la cabeza, y tras caricia de De Jong, su primer gol como azulgrana.

Radicales del Espanyol invaden el campo.
Radicales del Espanyol invaden el campo.LLUIS GENAFP

Bret Easton Ellis, que ha escrito como nadie de la sordidez del ser humano, pero tambin de la condena de la redencin, emple en American Psycho aquello de el pasado no es real; es slo un sueo. Slo pueden entenderlo as los jugadores del Barcelona, campeones a cuatro jornadas del final. Y emancipados de las penas en una Cornell de la que tuvieron que salir corriendo. Su cielo est en otra parte.

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