Eduardo Punset

POR LEVY BARRAGÁN

CONSULTORA EN COMUNICACIÓN

En cada inicio de año queremos encontrar las claves para vivirlo de la mejor manera, particularmente en medio de una pandemia que nos obliga a ponderar nuestras necesidades, calcular nuestros recursos de manera realista y con ello enfocarnos a lo que consideramos indispensable para sobrevivir. Pero, ¿será suficiente?

Si hablamos de supervivencia, nuestras prioridades estarán enfocadas en obtener un ingreso para garantizar el alimento, un lugar donde vivir, vestimenta, medios de transporte y de comunicación. Y así se nos podría pasar la vida entera, en la angustia de que esta frágil burbuja no se nos vaya a reventar. Pero la naturaleza humana está diseñada para ir mucho más allá de la supervivencia, de lo contrario seguiríamos muy contentos viviendo en la edad de piedra. Así, tenemos una larga lista de filósofos, sociólogos, psicólogos, religiosos, pragmáticos y tecnócratas tratando de encontrar las claves que nos orienten en esta travesía que nos llevará a nuestro destino, ese mundo mejor donde todo sea más justo, nadie muera de hambre, todos tengan una forma digna de vivir, el respeto y los valores guíen nuestra conducta, predomine el amor y la armonía, y un largo etcétera.

Sin embargo, este mundo real está lleno de variables que se mueven y combinan a velocidades vertiginosas, y de retos y afectos que cambian constantemente, de tal manera que podríamos estar transitando del mundo líquido de Zygmunt Bauman a uno de estado gaseoso, lo que representa un enorme desafío a nivel individual, social y gubernamental. Con este mundo líquido ya es difícil -casi imposible- “sujetarnos de algo”, “aprehender algo” que de un momento a otro adquirirá otra forma. Tratar de imaginar algo mucho más incierto y volátil podría incrementar la angustia existencial y un estado de alerta crónico que termine por colapsar nuestro optimismo y la capacidad para ser felices.

De acuerdo con el divulgador científico Eduardo Punset, en su conferencia “Viaje al optimismo” (XIII Jornadas Internacionales sobre Asociacionismo en los Programas de Universitarios de Mayores http://tv.uvigo.es/gl/video/mm/24317….) entre las competencias que debemos desarrollar para ser más optimistas destaca: la intuición sobre la razón y la plasticidad cerebral. También recomienda el mindfulness (capacidad para concentrar la atención), descubrir nuestro elemento y profundizar en su conocimiento y controlarlo. En su conferencia “La felicidad en tiempos de crisis” (II Foro Científico Social, https://www.youtube.com/watch?v=N_LfjJ3QAt0) cuenta sobre experimentos que han demostrado que tener la sensación de que se tiene aunque sea un poco de control sobre nuestro destino es un factor indispensable para salir bien librado de las condiciones de incertidumbre y del estrés y la angustia que esto genera.

De esta manera, la experiencia y la intuición son factores a los que hay que darles un valor tan preponderante como el cognitivo. En cuanto a la plasticidad cerebral refiere (la capacidad para crear nuevas redes neuronales) esta nos permite reinventarnos, adaptarnos a nuevos ambientes, adoptar nuevos modelos, romper paradigmas y cambiar patrones, entre otras ventajas.

La experiencia de Fernando Nando Parrado, uno de los 16 sobrevivientes de la tragedia de los Andes, nos enseña mucho sobre resiliencia, pero también sobre la fuerza de optimismo. En sus diversas conferencias habla de haber seguido su intuición y de haber permanecido en movimiento (aún sin zapatos continuaba caminando entre la nieve) como las claves para alcanzar su meta, que en ese momento era encontrar ayuda. Esto lo mantuvo firme y a pesar de estar consciente de que era altamente probable que muriera, no se sentó a llorar: su suerte y su miedo no lo paralizaron.

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