Por Luis Montes de Oca

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Con la partida de Mariano Amaya Serrano no se cierra el libro de su vida, se abren las páginas de su historia, escritas en nueve décadas y por donde lo llevaron sus pasos, ya como seminarista, sacerdote, académico, escritor, investigador… un hombre estudioso y con un sentido de humor corrosivo y fascinante.

Mariano, te estamos recordando cuando ya no respondes a tu nombre, cuando el silencio ocupó el lugar de tu sonrisa y el brillo de tus ojos, ya cansados, cesó en la tierra, para iluminar el cielo, junto el día del eclipse, porque dejaste el último aliento un poco antes de que la luna, se interpusiera entre el sol y la tierra, como cerrando el telón de una obra que se recordará siempre: tu vida y tu obra.

Mariano te estamos recordando, cuando sobre tu féretro caen las flores blancas de tu familia, de Martha tu hija y de tus nietos Luis Santiago y Mariana  Mier Amaya; las de tus amigos y tu yerno Javier Mier Chapela y la voz en cuello que a la distancias pronuncia tu nombre susurrando lento, como lentos se habían hecho tus pasos: Mariano Amaya Martínez.

El reloj no marcaba aún las 08:30 horas de este sábado 14 de octubre del 2023. No, la luna tampoco haba pasado tratando de cubrir al sol, pero eso es imposible y los rayos se escapaban, como se escapa tu lucidez y sabiduría a la sombra de la muerte, porque pensamientos tan preclaros y comprometidos como el tuyo, no se pueden tapar con las sombras.

El Dr. Jaime Zúñiga Burgos, cuando la mañana frisaba las 09:00 horas nos recordó que tu padre fue don Abdías Amaya, propietario de la Papelería e imprenta “La Pluma de Oro”.

Como no recordar Mariano tu voz de fina y elegante pronunciación, Jesuita, cuando comentabas que tu señor padre te impuso a estudiar en el Seminario, tal vez para sacarte el diablo de la rebeldía que ya se asomaba y que gracias a esa imposición viajaste a Roma, al Vaticano, para regresar como párroco de La Merced, innovando  con las misas a gogo, atrayendo a una pléyade de jóvenes, entre ellos Miguel Bringas, que acudían los doimingos a las misas cantadas con música de su tiempo y se quedaban haciendo comunidad.

Fuiste tú Marianao Amaya, quien permitió que las prostitutas pudieran acercarse a Dios, y les diste apoyo espiritual y pasaron de estar relegadas en un rincón del templo, a participar como cristianas de la misa.

¿Eras socialista Mariano?, ¿comunista, acaso? No lo sé, pero si queda registrado que al Obispo Toriz Covián, no le gustaban estos jaleos, pero te prefería cerca y te nombraron secretario particular.

Vino el “cisma queretano” y tú, te viste obligado a dejar el sacerdocio y, es tan curiosa la vida, que las puertas de la iglesia te fueron cerradas, pero no funcionó el destierro, la Universidad Autónoma de Querétaro, pasó a convertirse en tu hogar y jamás renunciaste a tus votos sacerdotales, ahora docente, escritor, investigador, y… especialista en exorcizar a las personas que aseveraban estar posesas.

En la docencia encontraste la libertad y en el estudio la plataforma para despegar, por eso están certificado para dar 60 materias a nivel licenciatura, y tus casi sesenta libros terminados, aunque no todos impresos.

Tenías todo, tu tiempo te quedó chico, por eso vislumbraste los problemas que se avecinaban y con Álvaro Arreola, fundaron el sindicato de Maestros de la misma UAQ.

Te estamos recordando Mariano, cuando el silencio es más profundo, tan profundo como tu pensamiento, cuando incursionaste en otras filosofías, en otros conocimientos y los dominaste para acrecentar tu saber, por eso tu Antropología de la Religión, Libro obligado o tus incursiones en la Psicología Social o las búsquedas del genero de Dios y la profundidad para llegar a la conclusión de que, quien pueda conocer y pronunciar correctamente el nombre de Dios, tendría el poder ab soluto.

Te estamos recordando Mariano Amaya Serrano y lo seguiremos haciendo en tus lecturas, escritos, libros, conceptos, en tu pensamiento condensado en letras.

Gracias por tanto que nos diste, por permitirnos reunir en torno a tu féretro caoba y bronce y dar el adiós a tu cuerpo ya cansado de tantas batallas, para vivir en este preciso instante en que surge un canto, la separación de alma y espíritu, que con tanta sabiduría y paciencia nos compartías.

Con ti partida, mariano Serrano Amaya, no se cierra el libro de tu vida, se abren las páginas de tu historia.