Cuestiones de salud la alejaron, hace unos años, de la contienda por la capital queretana
Por Luis Montes de Oca
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SEGUNDA PARTE
—¿Qué tanto ha cambiado el lenguaje para referirse a las mujeres? —inquirimos a la senadora Murguía.
—Pues bueno, si vemos por la última expresión de Donald Trump, poco, muy poco. Pero en términos generales y excluyendo esta expresión del presidente de Estados Unidos, creo que hoy los hombres son mucho más cuidadosos y las mujeres, para referirse a las mujeres, incluso para hacer críticas. Hay más conciencia de que pueden cometer esto de la violencia política en razón de género.
—No todos… bueno, traen sus demandas, ¿no?
—Pero hay conciencia. Antes, don Luis, quienes estábamos en la política, no sé, le hablo a partir de los noventas, luego nos decían cosas que contestábamos, incluso los medios, yo me acuerdo que me preguntaban si me sentía capaz de ser secretaria de gobierno y no me ofendía, porque no sabía que era violencia política en razón de género, no sabía ni qué era eso. Entonces, trataba de dar una respuesta.
—¿En la Libre de Derecho no se los enseñaron?
—No, nada. Además, una escuela conservadora no ayudaba mucho tampoco. Que si la familia, el esposo, no reclamaban por el tiempo que uno le destina al servicio público y que, si contaba o no con el apoyo y bueno, pues ya veía uno qué contestaba. Malabares, así se contestaba o no.
—No había esta conciencia.
—Hoy creo que sí, a veces caemos en excesos, porque muchas veces las mujeres, también al hacer uso de la voz, somos ofensivas y somos agresivas.
Y yo siempre he considerado que, si quiero que me traten con educación, yo tengo que referirme a las personas con educación. Y a veces abusamos de nuestra condición de mujer. Y a la hora que viene la respuesta ofensiva, lasciva, etcétera, pues viene la demanda.
—Ha cambiado la educación también, ¿no? Recuerdo que, a las jóvenes de 19, 20 o 21 años, que no se casaban, ya estaban quedadas o casi, casi. Y ahora una mujer de 28, 29 años sigue pensando si se quiere casare y tener hijos.
—Es verdad. Yo, por ejemplo, me casé a los 21 años. Estaba en cuarto año de la carrera y pues había tenido un novio desde hace mucho tiempo.
Y llega un momento en que me dice, pues o nos casamos o terminamos. Entonces, pues opté por lo que correspondía. Y todavía el último año de la carrera estaba yo casada.
—¿Ya casada terminaste la carrera?
—Así es y ya los niños, pues se tardaron unos dos, tres años.
La llegada a la política
—¿Quién te abre la puerta para entrar a la política o al gobierno del Estado? ¿Es el licenciado Enrique Burgos con el fideicomiso Qronos?
—Fíjese que sí, es en el gobierno del licenciado Enrique Burgos. Un poco fue así: durante unos años aquí en Querétaro, me dediqué a ser mamá. —¿Y te gustaba?
—Me gustaba y lo disfrutaba mucho y estaba al pendiente del catecismo y de las clases y de que, si no le iba bien en las matemáticas, pues que fuera a su clase extra. De todo esto que las mamás hacemos. Cuando el más chiquito —tuve tres, perdimos un hijo— entró al kínder, pues tuve tiempo disponible y entré a trabajar a un despacho de un abogado. Usted lo debe de conocer, Alfonso Jiménez Campos, que luego fue subsecretario de gobierno con Calzada. Bueno, él no está nunca metido en la política.
Entré con él porque nos conocíamos como parejas. Y de ahí entré a la Barra de Abogados, con Julio Sentíes, todos ellos. Y se dio la campaña del licenciado Burgos.
Yo trabajando en el despacho de Alfonso Jiménez y siendo miembro de la Barra de Abogados.
—¿Litigabas?
—No, era corporativo. Y tenía que presentar, bueno, nos pidieron presentar una ponencia sobre un tema que nos pareciera interesante.
En la campaña —precisa— eran foros de propuestas y análisis de la sociedad civil y había una figura que me llamaba mucho la atención, que eran las cajas populares como Sociedad de Ahorro y Préstamo, que era una figura de sociedad diferente, muy propia de Querétaro. Bueno, lo presenté. Ahí estaba Sergio Cepeda, Guerra, que acaba de fallecer.
Y le gustó la ponencia y luego él fue director jurídico de Gobierno del Estado. Él es el que mucho me acerca, con Chucho Rodríguez, al que conocía yo socialmente, al gobernador Burgos. No lo había tratado, pero es una persona finísima, un demócrata de verdad.
Entré y vio que tenía yo empeño, trabajo, hacía yo mi actividad, que cumplía y me fue dando reconocimientos hasta llegar, bueno, luego procuradora fiscal, luego llegar a Qronos, pero sin haber estado nunca… —¿En el gobierno?
—Sí, en el gobierno. Bueno, yo estaba en el jurídico y después fui procuradora fiscal y luego directora de Qronos.
No pertenecía a ningún grupo político. El licenciado Burgos reconoció mi trabajo y mi disposición sin ser de su grupo político, sin pedirme que me metiera al PRI, nada, nada. Pues era mi trabajo y punto.
—Esto lo pinta de cuerpo entero, ¿no?
—Así es, así es.
—¿Y después? ¿Cuándo te haces panista?
—Termina el gobierno del licenciado Burgos y yo dije, bueno, me voy a regresar a mi casa, ¿no?, Como pierde el PRI, no conocía yo a nadie. Y sí conocía, porque Paco Garrido fue compañero mío en la Libre de Derecho y él es el que me invita. Me tenía buen aprecio.
—¿Como presidente municipal?
—Como presidente municipal. Nos volvimos a reencontrar en Querétaro y me invitó de secretaria del Ayuntamiento y fui su secretaria del Ayuntamiento seis meses. No conocía de trato al ingeniero Loyola. Yo estaba trabajando en el municipio y la tensión entre Paco y el ingeniero Loyola pues se fue dando. A pesar de que en campaña caminaron juntos, empezó a haber tensiones entre el gobierno estatal y municipal y el ingeniero Loyola me invita buscando que pudiera ser bisagra. Y entro de secretaria de Gobierno. Así fue.
—Y de ahí una carrera impresionante.
—Pues ya muchos años, don Luis.
La presidencia municipal de Querétaro
—¿Qué te faltó?
—Me faltó la presidencia municipal. Sí, sí. Algo que hubiera querido.
—¿Más que la gubernatura?
—Sí. ¿Qué crees? Me gusta la instancia municipal. Es una instancia de servicio, de estar cerca de las personas. Yo creo que hay más trabajo y más complicaciones en el ámbito municipal… que me va a decir el gobernador que no, que no es cierto. Él debe de saber porque ya fue
—¿Te gustaría contender para la presidencia o ya no? ¿O ya te cansaste de todo lo que has hecho?
—Mire, don Luis, cuando el gobernador preguntó a los posibles aspirantes si querían y si podían, empecé con los problemas de la espalda.
Entonces me operé, luego estuve de coordinadora del grupo del PAN en el Senado y seguí con mis problemas. Entonces, pues en su momento decliné.
—¿Tuviste la oportunidad y la declinaste por salud?
—Por salud, porque me ha costado trabajo recuperarme al 100 y en su momento pues agradecí la invitación, pero usted vio que decliné y bueno, y ahora las cosas pasan y hay mucha agua que ha corrido bajo el río. ¿No?
—Sí. ¿Pero todavía hay esperanza? ¿El anhelo más que la esperanza? —No es ni siquiera esperanza, yo creo que hay varios candidatos que han gastado suela, sudor y saliva para buscar esa posición.
—Y que no tienen ni el prestigio ni el tamaño, ni el conocimiento, ni el trato que tienes tú, Lupita.
—Yo se lo agradezco don Luis, pero No, eso es de conocimiento general. En su momento decliné, agradecí y bueno, pues ya ahora hay quienes van adelante en la carrera.
—Sí, sí, se mueven mucho. Pero no sé qué tanto el pueblo esté con ellos, no sé y si sé que Lupita sería un candidato muy duro de roer para Morena y para sus intenciones.
—Yo le agradezco su comentario, don Luis, y me lo llevo con agradecimiento.
8M
—¿Lupita Murguía, nos regalas un comentario sobre este mes internacional de la mujer?
—Habla de una lucha de muchas generaciones de mujeres por alcanzar espacios de decisión, por tener mejores condiciones de vida, en fin. Que es una fecha para conmemorar. Y sí, cada 8 de marzo hacemos como un recuento de lo que hemos logrado, que no me dejará usted mentir, don Luis, se han logrado avances importantes.


