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Matas Almeyda es consecuencia y no causa. Es el fruto amargo de un rbol podrido. Es la herida y no el pual. Si el Sevilla Ftbol Club vive en un luto perpetuo no es tanto por quienes estn pasando por el banquillo, como por un cadalso, sino por quienes se siguen sentando en el palco. Suya es la inestabilidad, suyos son los oscuros intereses y suyo es el maltrato a una entidad que teme bajar a los infiernos. Porque una plantilla hecha con rotos y retales no puede vestir a ninguna aficin exigente; nadie en su sano juicio culpara al costurero de semejante prenda. Almeyda intent llenar con corazn los huecos que el talento iba dejando, pero no fue suficiente y ahora aterriza Luis Garca Plaza. El baln no se deja engaar tan fcilmente. Manda el pie y no la sangre.

Jos Mara del Nido Carrasco asumi la presidencia del Sevilla el 1 de enero de 2024, aunque llevaba tiempo moviendo los hilos en la sombra. La cuchilla no ha dejado de girar desde entonces en esa minipimer que es el Ramn Snchez-Pizjun. Para entonces, Monchi -la gran factora de aciertos deportivos y pararrayos oficial del sevillismo- ya haba hecho las maletas. Si las personas que estn por encima ma empiezan a dudar de que yo tengo que tener ese rol, no pasa absolutamente nada, dej dicho antes de marcharse, como epitafio de una poca de oro que la actual direccin decidi desmontar pieza a pieza, tornillo a tornillo, smbolo a smbolo.

Carrusel de entrenadores

Lo que vino despus fue un casting de frustraciones: Diego Alonso, Quique Snchez Flores, Garca Pimienta, el apagafuegos Caparrs, Almeyda… y ya asoma Luis Garca Plaza, especialista en salvar equipos que observan el abismo. Nueve entrenadores en cuatro aos, una cifra desconcertante para un club que se acostumbr a medir su grandeza por finales europeas y no por vivir su propio Vietnam temporada tras temporada. Nervin es ahora un cementerio de esperanzas.

Vctor Orta, llamado a ocupar el hueco descomunal de Monchi, no encontr ni estabilidad, ni equilibrio en el vestuario, ni ilusin en la grada, ni puntera en los fichajes. Su relevo, Antonio Cordn -el hombre que habl del Sevilla como de un elefante arrodillado al llegar en junio de 2025-, tampoco est enderezando el rumbo del club pese a su experiencia. Eligi a Almeyda como pilar de un proyecto a tres aos que se desmoron en nueve meses. Llegaron futbolistas deficitarios, parche tras parche, cesiones de emergencia y apuestas de saldo para un equipo que haba hecho del mercado su sea de identidad. Comprar barato, vender caro, decan antes. Lejos del lo que caiga que dirn ahora.

La temporada de Almeyda empez con firmeza y pasin, pero dur poco el espejismo. Apenas dos victorias en 2026, una cada libre en la segunda vuelta y un equipo que empez a competir para no perder, ms que para ganar. Sus arengas motivadoras -virales como la que precedi a la goleada 4-1 al Bara en octubre de 2025- quedaron como su nico legado, un destello de carcter en medio de la mediocridad colectiva. No se entendieron muchas de sus decisiones. Los futbolistas estaban con l, pero no movi las piezas con audacia. Gabriel Suazo como titular pese a su bajn de rendimiento, un Lucien Agoum errtico, Batista Mendy y Oso en el ostracismo, la desaparicin de Akor Adams en momentos clave. Ante el Valencia, en su ltimo partido, la perplejidad fue apabullante, con bandazos tcticos y errores no forzados que terminaron acelerando su salida. El Sevilla lo despidi tras 32 partidos oficiales, con el equipo tres puntos por encima del descenso y despus de una derrota que vaci completamente el crdito del argentino.

La derrota de Almeyda

Su despedida, con un me voy con la tranquilidad de haberlo dado todo, con honestidad y respeto por este escudo, son a derrota ntima pero tambin a diagnstico certero: el problema no est solo en la banda, sino ms arriba. Almeyda se marcha sin haber cumplido la primera temporada de su contrato, engullido por una entidad que necesita un nuevo culpable cada primavera.

Y ahora aparece Luis Garca Plaza, un entrenador con oficio, de pizarra sobria, manos curtidas y poco confeti. Uno de esos tcnicos que suelen llegar cuando el incendio ya ha devorado media casa. Tiene detrs una carrera larga, 229 partidos en Primera y aventuras en China y en Emiratos. Ha sido, sobre todo, un tcnico de reconstruccin. Un hombre capaz de ordenar equipos, de endurecer pieles blandas, de hacer competir sin necesidad de artificios. Ascendi al Levante, devolvi al Mallorca a Primera y subi tambin al Alavs, al que luego sostuvo en la lite antes de su salida. Su ftbol no promete fantasa, pero s rigor, sentido, disciplina tctica y una idea muy clara de lo que cada jugador debe hacer para que el equipo no se rompa. Un antdoto para el reciente barroquismo de Almeyda.

Pero ni siquiera un entrenador as puede garantizar la estabilidad institucional, principal tragedia de este club. Porque hay preocupacin. Mucha preocupacin. El descenso ladra al otro lado de la verja. Y la Segunda es un cepo para osos. Uno de esos artefactos brutales de los que muchos creen que saldrn enseguida por el peso de su historia, por el tamao de su escudo o por la memoria de sus noches europeas. Pero luego resulta que no. Que el hierro se clava profundo, que el bosque se queda en silencio y que hay clubes que tardan aos en entender que descender no siempre es un camino de ida y vuelta. Garca Plaza ser el encargado de despertar de su pesadilla a los sevillistas. Y slo nueve noches le quedan por delante para conseguirlo. Nueve jornadas de palcos, cuentas, sustos y pitadas.