Va el Madrid con su bandera, dice el himno del Madrid, el viejo himno del que pocos de sus futbolistas saben interpretar el significado. Esa bandera ondea, hoy, boca abajo, sin victoria y sin honor, en el mismo lugar en el que el Bara alza la Liga, la segunda consecutiva, firme en las convicciones que nacen del liderazgo de Hansi Flick, ansioso como un adolescente ante su primer amor e impo sobre las ruinas de un imperio. [Narracin y estadsticas, 2-0]

El clsico del Camp Nou no era nicamente la ocasin de sellar un ttulo cantado ante el rival que da sentido a la propia existencia azulgrana, porque no habra ms que un club sin el Real Madrid. Era la oportunidad de encender la pira en la que estn sus futbolistas, pecadores, pero no responsables del pecado original.

Tampoco lo es Arbeloa, porque la verdadera hoguera a la que no quera echar a sus jugadores es su banquillo. Los males del Madrid tienen que ver con el extravo del principio de autoridad en un club donde el desgaste del lder mximo es evidente. The tone on the top, dicen los britnicos. El tono en la cpula, el tono que tie todo lo dems. El que llega al vestuario de Valdebebas no es, hoy, el adecuado. Florentino Prez necesita recuperar el de sus mejores tiempos, porque esta no es una crisis estacional.

El tiempo dir si el clsico del Camp Nou, histrico por ser el primero en el que uno de los dos contendientes define el ttulo, es o no el de un cambio de ciclo, y no hablamos de un ciclo deportivo. El Bara ha fijado la autoridad en el vestuario, un buen lugar, como ha sido la mayor parte de su historia, porque siempre lo ha definido el juego. A Joan Laporta le corresponde el acierto en la eleccin del alemn, pero no es un personaje con auctoritas. Le falta altura. El da de la muerte de su padre, Flick decidi quedarse en Barcelona y dirigir a los suyos. Una eleccin muy personal y que merece respeto, pero que, en cualquier caso, refuerza su figura.

Sin rebelin personal

Muy cerca de Flick estaba Lamine Yamal, de rosa. Lesionada la gran estrella, acompaaba a sus compaeros a pie de campo. Mbapp, por su parte, not unas molestias el da anterior al clsico y fue baja. Ms molestias, ms sospechas. El vodevil de la semana, entre tortas, mentiras y reproches, ha convertido al vestuario del Madrid en el camarote de los hermanos Marx. Era difcil hacer de eso un equipo para jugar en el Camp Nou. Lo nico que caba esperar era la rebelin personal, jugar por la propia dignidad. Apenas se apreci en Brahim, como un nufrago, y en Courtois, reaparecido para evitar un escarnio mayor. El resto era como un ejrcito entregado, entre el deshonor y la cobarda.

El regreso de Courtois, un capitn en un lugar que se ha quedado sin capitanes, buscaba ese efecto. En el primer lanzamiento del Bara con intenciones, Courtois no fue Courtois. Ni un reproche en el gol de Rashford para el portero, hbil el ingls en el engao al perfilarse para el lanzamiento de falta. Ni una exclamacin por una intervencin de otro mundo, aunque las paradas del gigante llegaran despus, ante el propio Rashford o Ferran, cuando el choque amenazaba una goleada sangrante.

La vergenza callada de Arbeloa

Arbeloa presenciaba todo impertrrito, en su pose habitual, mientras soportaba la mofa del pblico. Siente una vergenza que no puede explicar. Se ir con sus silencios a un despacho del club. Perdi a Valverde por la pelea con Tchouamni, mantuvo al francs porque el club no lo apart, slo le mult, y a las calamidades se sumaron los problemas de Huijsen en el calentamiento. Eso le oblig a llamar a Asencio, uno de los futbolistas con los que no haba contado y ms opuestos al entrenador.

De ese Madrid roto por las bajas y por la ignominia no poda esperarse el juego, pero tampoco apareci la intensidad. La del Barcelona era constante, sin necesitar de su mejor versin, ni su mejor alineacin. Sin Lamine y Raphinha, que apareci en el ltimo tramo, y Lewandowski, con escasos minutos, el Bara form en el once sin la delantera de la primera obra de Flick. Fermn ofreci su energa en la izquierda; Rashford, el gol y la velocidad, y Ferran puso muchas ms cosas, siempre en movimiento, inyectado y preciso, el mejor azulgrana. Provoc la falta del primer tanto y anot el segundo, que plasm todo el contraste entre Bara y Madrid. Olmo toc preciso de tacn y Ferran se comi el espacio de Asencio y Rdiger, ambos con una pasividad pasmosa.

Brahim, el nico

Gonzalo no afin en una llegada, Vinicius amag y nada ms, Bellingham se perdi y Brahim se cans. Las llegadas del Madrid fueron las llegadas de la impotencia ante las que el Bara decidi ser prctico y esperar a las contras y a la fiesta por la vigesimonovena Liga. La Champions est en el debe de Flick, y eso lo sabe el propio tcnico, pero su trabajo se impone en Espaa, a cubierto de su ingls en las ruedas de prensa, con una generacin muy joven. Laporta dice amn.

En el Madrid se dicen otras cosas de los entrenadores y la Champions le ha sonredo como a ningn otro. No es un mal plan, pero nadie sabe si es posible repetirlo, porque estos futbolistas no son los de antes. El Madrid no es el Bara ni Florentino quiere a un Flick, pero necesita alguien que reconstruya a un equipo para sostener un imperio. Jos Mourino puede hacerlo a su manera, pero el portugus tambin deja ruinas a su paso.