Nos gusta el Mundial por lo que tiene de inesperado. El momento ms brillante del Mundial, la mayor goleada, el regate ms alucinante, la mejor jugada, siempre aparece cuando menos te lo esperas en un Hait-Escocia o en un Costa de Marfil-Ecuador. En su Ftbol, dinmica de lo impensado, Dante Panzeri escriba: El ftbol es el jugador. Entonces, cmo no tratar de ver todos y cada uno de los partidos a la espera de ese hombre, a la espera de ese milagro en forma de zurdito africano de nombre impronunciable que no sabamos ni que exista.
Nos gusta el Mundial porque el torneo funciona como un retrovisor que habla de una manera hermosa del paso del tiempo. Habla de tu padre joven y poderoso con patillas oscuras entrando a casa con el primer televisor a color en el 82. O de ti cuando tenas 12 aos y te ponas el despertador para trasnochar y apuntabas los resultados en un cuaderno. O de esa final con tus amigos en 2010 -con 16 aos menos, echa la cuenta-, cuando ves que Torres la pasa y hay un rechace, que la coge Fbregas y centra a Iniesta, que Iniesta chuta y entonces… Nos gusta el Mundial porque hacemos inventario de nosotros mismos como en un Cinexin de abrazos y constatamos lo inolvidables que son las felicidades chiquititas.
Nos gusta por los conmovedores hermanamientos que alumbra. Porque durante un mes puedes celebrar el gol de un jugador del Barcelona siendo t del Atltico de Madrid, un gol de uno de Boca siendo t de River (y viceversa), uno de un catlico siento t protestante. Aunque ese gol lo haya metido aquel futbolista rival que tantas veces maldijiste.
Nos gusta tambin porque puede ser un escaparate impagable para los que estn condenados a vivir entre cristales rotos. Porque si un jugador equis hace un gesto contra el genocidio en Gaza o la violacin de los derechos humanos en Irn, ese gesto lo pueden estar viendo hasta 6.000 millones, la cantidad de personas que, segn los clculos de la FIFA, seguirn el evento.
Nos gusta el Mundial, en fin, por lo mismo que nos gustan los libros, la escalada, el cine o Bill Evans: porque el ftbol es una pasin. Y las pasiones son como refugios atmicos en los que meterse. Y, sin refugios subterrneos, no hay espacios de seguridad. De tal manera que ah arriba pueden estar cayendo bombas, populismos, insultos, corrupciones; pero t -al menos durante 90 minutos y con una cerveza helada en tu bnker- ests a salvo.



