Por segundo día consecutivo, habitantes de esa avenida padecieron anegamientos provocados por el taponamiento de rejillas con basura

 

Nayeli Hernández 

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Las bolsas de arena siguen apiladas frente a algunas viviendas, ante el temor del clima que amenaza con volver a llover. En la avenida Portal de la Alegría, esquina con la calle Pascual Alcocer, en Villas de Santiago.

Los vecinos no esperan a que lleguen las lluvias para prepararse: saben que el agua puede volver en cualquier momento.

La mañana siguiente a una nueva inundación, trabajadores municipales retiraban maleza y basura en los alrededores del dren, mientras camiones de carga seguían atravesando una vialidad todavía marcada por el lodo. En las fachadas permanecen las huellas de una batalla recurrente contra el agua.

Desde la miscelánea La Hormiga, ubicada en una de las esquinas más afectadas, Consuelo observa cómo la corriente vuelve una y otra vez cuando las rejillas quedan bloqueadas por desechos.

A pesar de que tuvieron que elevar el nivel de la tienda para que el agua no se metiera más, explica que los autobuses de Qrobús continúan pasando a velocidad a pesar del ver el agua anegada, ocasionando oleaje que termina ingresando al negocio y las casas aledañas.

Sin embargo, considera que los trabajos realizados hasta ahora no han sido suficientes para resolver el problema de fondo.

Mientras habla, señala hacia el canal donde recientemente se abrió un nuevo desfogue.

“Y ya se hizo otro desfogue acá, pero pues como no tiene muro de contención, pues se volvió a cerrar con la piel y no se lo sabe”.

Para ella, la acumulación de vegetación y basura continúa siendo una de las principales causas de los desbordamientos.

“Por eso están ahorita quitando la maleza también eso los tapa también.”

A unos metros de distancia, Laura recuerda una historia muy distinta. Para ella, las inundaciones dejaron de ser una molestia para convertirse en una pérdida patrimonial.

Hace un año, el agua entró con fuerza a su vivienda y arrasó con buena parte de sus pertenencias.

“Perdimos lo que son las dos recámaras, muebles, sala. Perdí la estufa, el refri, lavadora”.

La experiencia fue tan grave que decidió elevar el nivel de acceso a su casa. Explica que las inundaciones existían desde antes, pero cambiaron tras obras realizadas en la parte alta de la zona.

Relata que anteriormente la calle que desemboca en este cruce, era de empedrado y eso ayudaba a que el agua se absorbiera más rápido; sin embargo, desde que se pavimentó el agua baja directo y se acumula fuera de las viviendas.

“Entonces, como ya ahorita ya está pavimentada, se viene toda para acá, entonces lo que nos pasó a fregar un poquito más. Se vuelve esto una alberca”.

Aunque recibió apoyo municipal tras las afectaciones, considera que fue insuficiente para recuperar lo perdido.

“Nos compraron con 25 mil pesos. Ni para reemplazar los muebles”.

La principal exigencia de los habitantes, afirma, es que se mantenga limpio el sistema de drenaje y se implementen medidas adicionales para contener el agua.

También pide una mayor regulación del tránsito cuando las calles se encuentran anegadas.

“Pasan los camiones, no se paran y son los que nos avientan el agua”.

A su juicio, el canal construido recientemente resulta insuficiente para el volumen de escurrimientos que llega a la zona.

“Nada más porque hicieron a lo mejor su desagüe, su drenaje con el canalito este no va a ser suficiente”.

Las lluvias más recientes reforzaron esa percepción. Mientras antes el agua descendía gradualmente después de cada tormenta, ahora permanece estancada durante más tiempo.

“Paraba de llover y ya se iba poco a poco, pero se iba y ahorita no”.

En Portal de la Alegría, donde las bolsas de arena forman parte del paisaje cotidiano y los vecinos vigilan el cielo cada tarde, la preocupación no se limita a la próxima tormenta. También gira en torno a una pregunta que se repite entre quienes viven junto al dren: cuánto tiempo más podrá soportar la zona un problema que, año tras año, vuelve a emerger con cada lluvia intensa.