El padre Arturo Thomas llama al rescate de Santa Clara
Por Luis Montes de Oca
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El Padre Arturo Thomas camina despacio dentro del Templo de Santa Clara. Señala las fallas, los riesgos, el abandono y sus consecuencias. Sabe que hace falta dinero, pero sobre todo voluntad política para intervenir y sacar del peligro a esta joya de la arquitectura colonial, orgullo de los queretanos y de todo México.
Con agilidad trepa peldaños, escaleras sin barandal, las mismas escaleras por donde subieron los albañiles y los benefactores para construir una de las joyas del México virreinal.
De pronto ya estamos en las techumbres, deslavadas, con grietas por donde se filtra el agua, tapadas con lonas de promocionales del mismo templo y pedazos de la construcción que se han desprendido por el peso de los siglos.
—¡Mire! —señala el Presbítero— esta grieta viene de la cúpula y pasa por el vano, la ventana, eso es muy peligroso, porque no son grietas horizontales de los asentamientos de la estructura, sino verticales y diagonales que indican una fractura.
—¿Qué tanto afectan? —preguntamos al especialista en arte sacro y párroco de Santa Clara de Querétaro.
—Mucho, ya está afectando los frescos, las pechinas porque se filtra el agua de lluvia, ya que hace más de 25 años que no se impermeabiliza.
Entramos al campanario, observamos el moho, la falta de mantenimiento, recorremos las techumbres en algunas se ve impermeabilización reciente, pero en lo que es la cúpula, el altar la nave principal, no y urge.
Ya en la primera planta nos muestra el Padre Thomas los efectos de las fallas del drenaje, viejo y seguramente colapsado, por eso con las lluvias bota las aguas con heces humanas, convirtiendo algunas estancias en fuente de infección, por eso clausuraron los baños, pero esas humedades ya afectan los muros, reblandecen el repello, algunas obras se ver afectadas y valiosísimos óleos como los de Miguel Cabrera, se ven expuestos a ese peligro.
—¿Qué se necesita para arreglar el drenaje? —inquirimos.
—Sacarlo, conectarlo ya sea con el de las calles de Guerrero o con el de Balvanera, señala el Padre Arturo Thomas, quien agrega, para finalizar, para las obras más urgentes se necesitan unos seis millones de pesos y al menos 40 para la restauración integral y se puede pensar que es caro, pero lo más caro sería dejar que se pierda esta herencia maravillosa del pueblo de Querétaro, una joya del barroco colonial con retablos dorados de Gudiño, del Siglo XVIII y si no se atiende, podía pasar.


