Suena el caracol y su voz envuelve el Monolito Sagrado, marca la presencia de una vida dedicada a la danza conchera: Don Fernando Pérez Landín
Por Luis Montes de Oca
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Don Fernando Pérez Landín, llegó acompañado de su familia y algunos amigos a la Capillita de la Santa Cruz de la Peña de Bernal, lo esperaba don Julián Carbajal de la Mayordomía y el Escalonero Mayor, Armando Martínez, El Lobo. Lo esperaba la Sahumadora Andrea Leal, mujer siempre presente en todos los ceremoniales y el canto de Miguel Medina con el rasgueo de su concha de armadillo.
La capilla tenía una luz especial, como si hubiese llegado ahí a reposar el sol de todo el día y la luna que se asomaba, seguramente para presenciar un acto simbólico, un ritual pocas veces visto, la entrega del atuendo de Don Fernando Pérez Landín, sus ropas, penacho y su caracol, marcando un reposo, no una despedida, porque la danza es perenne y en el camino nos encuentra y une.
Ahí estaba Sarita Feregrino, presidenta de Bernal Pueblo Mágico y quienes iniciaron, junto con otros amigos la transformación de Bernal, hace 34 años con la primera celebración del Equinoccio de Primavera en el Monolito Sagrado.
Hay casualidades y causalidades y no fue fortuito, sino un llamado del Monolito Sagrado y de la Santa Cruz de la Peña de Bernal, para que se encontraran en ese punto geométrico Lulu Montes de Pedraza, la benefactora de Bernal; Donato Feregrino Montes, Aurelio Flores Rincón “Quiqui”; Anastasio Barrera Solano, Sarita Feregrino y el arquitecto Fernando Pérez Landín.
Jóvenes y visionarios decidieron realizar los ceremoniales del equinoccio de primavera desde la Peña de Bernal, cuando en Bernal no había ni sanitarios públicos, restaurantes para atender a una multitud, ni recursos suficientes para un proyecto de tal envergadura, pero si estaba el ánimo y la fuerza, el empuje de Lulu Montes de Pedraza, la visión de don Fernando Landín, quién aportó el cuarzo sagrado, una pieza redonda y una estructura de plata, con la forma de una serpiente y sobre un vástago la madre Luna en cuarto menguante y el padre Sol, los dos presentes en esta ceremonia en la que el copal purificó los espacios, cada rincón, cada imagen presente.
Sonaron las caracolas, las cuerdas sobre madera y armadillo, los cantos, cuando Don Fernando con solemnidad dejó en las manos de don Julián y de Lobo su ropa, su piel de tantas batallas, desde que entregara la cuarzo sagrado, que se conserva en el nicho de la Santa Cruz y que sólo es extraído para la celebración de cada Equinoccio de Primavera, por la generala Gabriela Rodríguez, ahora en otro Bernal, bullicioso los fines de semana y sereno los primeros días; con ruido de motocicletas y autos todo terreno, de chelerías, restaurantes y bares, de venta de artesanías y ropa tradicional, hilados propios y del vecino Colón, en telares de Mezquite o la alta moda con creaciones de Lucero Ramírez en esa joya que tiene por tienda entra más de cien hoteles.
Cabe agradecer las imágenes del archivo de Sarita Feregrino y los datos que aporta el bello libro “Bernal de Mis Amores”, de Chucho Feregrino, otro incansable colaborador en todas las empresas subsecuentes al Equinoccio de Primavera.
Don Fernando fue quien contacto a la Mesa de la Santa Cruz del General Manuel Rodríguez y dejaron con él, La Palabra, sembraron la Danza y dieron el justo reconocimiento a los ancestros y sus luchas, para rendirles homenaje hasta llevar a la Peña a ser reconocido como territorio sagrado y Patrimonio Inmaterial, un área Natural Protegida y ahora un tesoro en situación vulnerable presa de su propio éxito.
Un lugar consagrado
No hace mucho, apenas el 19 de septiembre de este año, fue inaugurado El Museíto de la Santa Cruz de la Peña de Bernal, un recinto pequeño dedicado a la tradición de los Escaloneros, creado a petición de ellos y la Mayordomía para acercar a la gente, al turismo a que conociera, para que respetara las tradiciones, tras dos años de trabajo y el apoyo de Aurelio Sigala, de la Comisión de Desarrollo de los Pueblos Indígenas, Rosa Estela Reyes, Delegada del Centro INAH en Querétaro; el Doctor en Antropología e Investigador de la UAQ, Alejandro Vázquez, de Pío X Salgado secretario de la SDUOP y de Liliana Álvarez, directora de Sitios y Monumentos del Estado, Verónica Rodríguez, Gabriela Martell, Chucho Feregrino, el creativo Oscar Aguilar Palomares y de esta Casa Editorial, fue inaugurado.
Ahí en la inauguración don Fernando Pérez Landín, ofreció su atuendo para que formara parte del Museíto y este domingo 11 de octubre por la tarde-noche, entregó el atuendo, su piel conchera, la que guarda rituales y ceremonias, con las que acompañó al Sol en su periplo y lo esperó para anunciar su retorno, su salida triunfal del Mictlán, para seguir danzando y danzando hasta el agotamiento.
Esa piel que lo acompañó centenares de veces en 34 años de cumplir con la palabra empeñada y de antes, en sus inicios, en sus silencios en Chichidho, donde el Temazcal y los senderos sagrados, donde se parte la piedra y flotan aromas que enaltecen los sentimientos.
Fue breve, tal vez, pero fue un rito de desprendimiento para dejar testimonio de una vida de ofrenda, de acompañamiento, de sonidos y de poesía que arrastra el viento.
Don Fernando y su familia, su esposa e hijos, sus amigos, la Mayordomía y Los Escaloneros, la danza y el sonido del caracol diciéndole que seguirán unidos, que vendrán otros encuentros y que ahí estará, en El Museíto, cuantas veces quiera llegar a hacerlo vibrar o llevarlo a donde se requiera de su voz y su aliento, juntos, juntos siempre, porque la danza es perenne y en el camino nos encuentra y une.
Vale.



