CELAYA, Gto.- (OEM-Informex).- “La historia es identidad, la historia es propiedad de los pueblos, de los ciudadanos; la historia es referencia, contacto, calor, identidad”, dijo Paco Ignacio Taibo II, quien habló sobre hechos de la Independencia y la Revolución, y enfatizó que Obregón no ganó las Batallas de Celaya, sino que fueron Benjamín Gil y Pancho Pistolas.

Con un cigarro en la mano, y un refresco de cola por un lado, el autor de Patria, partió su charla con anécdotas para indagar episodios como la de los negros pelones y desnudos del insurgente Hermenegildo Galeana, y la cual los vecinos de Guerrero presumen y la hacen suya porque tienen identidad.

Cuando hablaba del Cura Hidalgo, pero el que traía pistola y espada, y decía maldición y media, el historiador Ignacio tosió en repetidas ocasiones, por lo que una joven se levantó de su asiento y se acercó para ofrecerle unas pastillas que le pudieran hacer bien a la garganta.

“No, mija, eso no me cura. Lo que yo necesito es un cigarro, lo que a mí me hace bien es fumar, pero gracias por tu amabilidad”, dijo, y no faltó la voz que lo incitara a fumar, pero el escritor volteó a buscar al encargado del Teatro de la Ciudad, que no apareció, y otras voces se sumaron a romper los protocolos, así que un joven le llevó fuego y desde entonces la mano izquierda maniobró el cigarrillo que también el tiempo fue consumiendo.

“La Colonia se estableció muy rápido en el Bajío, a partir de la minería, y en Guanajuato se produce una estructura colonial mixta, muy rápido, con chichimecas; pero además, una base muy importante durante el movimiento de la Independencia, era indígena comunitaria. Ese fenómeno se repite en otros estados de México, y por ello es muy difícil apropiarnos de la historia”, dijo Paco ante poco más de un centenar de personas.

Taibo explicó el origen de la frase “Qué poca madre”, y habló del estandarte enorme de la virgen de Guadalupe que Hidalgo agarró para abanderar su causa; mientras que los españoles tomaron la pequeña imagen de la virgen de los Remedios, y cuando los insurgentes querían ofender a los iberos, les decían dicha frase, para mostrar que los mexicanos sí tenían madre.

Entrado en la plática con malas palabras que para muchos les producían cosquillas en la garganta, el historiador habló sobre los motivos de la derrota de Pancho Villa, y entre ellos mencionó las balas de madera, o de baja carga de pólvora, así como las pocas y mal hechas trincheras.

También expuso que los guanajuatenses debían de estar orgullosos de uno de los episodios más conmovedores por parte de Pancho Villa, quien un día llamó a los maestros y les pidió que a cierta hora de la noche acudieran con sombreros y sarapes. Y cuando llegó la hora, abrió el tren y les dio maíz, frijoles y otras semillas para que fueran a alimentar a los niños que enseñaban.

“Ustedes no son culpables de que haya perdido Villa en las Batallas de Celaya”, dijo, y una mujer dio las gracias por la información. “De nada, pero alguien se los tenía que decir”, agregó el escritor de Cuentos inconclusos.

Paco Ignacio invitó a revisar la historia con cariño, no comprar boletos fáciles, sino difíciles que son los más divertidos, porque es fácil abanderarse de ciertos episodios de la historia, como sucedió en una ocasión en la pirámide del sol, donde un grupo de seguidores de la cultura azteca le daban la vuelta en sentido contrario a las manecillas del reloj, y los krisnas daban vuelta a la pirámide en sentido contrario, y al encontrarse se peleaban.

Invitó a ser racionales, admitir que México está formado por sociedades mixtas, hechas por la conjura de mil y un pueblos mezclados, y la riqueza está en la diferencia.

Al final, el autor de Pancho Villa, caminó con dificultad del escenario a la entrada del Teatro de la Ciudad, dejando atrás un auditorio con olor a cigarro, y cuando llegó finalmente, se volvió a sentar y dedicó sus libros a quienes poco antes los habían adquirido en un micro negocio ambulante también instalado en la entrada del recinto.