Por Jahaira Lara

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Como parte de los proyectos que se Impulsan a través del Fondo para el Fomento a la Cultura Emprendedora de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), se presentó un biofertilizante nanoestructurado que estimula el crecimiento vegetal, desarrollo a cargo de Betsie Martínez Cano, alumna del Doctorado en Ingeniería de Biosistemas en el Campus Amazcala.

De acuerdo con la universitaria, el proyecto se encuentra aún en fase de pruebas y desarrollo; sin embargo, los primeros resultados mostraron un aumento del 30 por ciento de la tasa de germinación comparado con un control negativo; en un cultivo de lechuga, desde siembra hasta cosecha; además de un aumento del peso de la planta, la altura, el grosor de tallo y el rendimiento en general, comparado con el control negativo.

La propuesta, precisó, consiste en un biofertilizante de origen bacteriano a base de las bacterias Bacillus pumilus y Stenotrophomonas rhizophila, proyecto que se desarrolló con la asesoría del profesor investigador de la FI, Genaro Martín Soto Zarazúa.

“Aunque ya existen biofertilizantes con base en bacterias, el reto al que me enfrenté fue que éstas no sobreviven en el suelo por un tiempo prolongado, por lo que no se obtienen los mismos resultados que con un agroquímico”, explicó.

Añadió que la alternativa luce como un polvo blanco muy fino, lo cual permite su reserva y para su uso en plantas basta mezclarla en el agua de cultivo; lo que se hace, se precisó, es colocar las bacterias “como en un caldo”, se combina con el sílice mesoporoso SBA-15 bajo ciertas condiciones y luego la mezcla se pone  a secar hasta que quede como un polvo.

La universitaria detalló que -para extender el tiempo de vida de dichas bacterias tanto en suelo como en almacén- trabajaron en el desarrollo de un tipo de vehículo a base de nanoestructuras sílice mesoporoso SBA-15, “comprobamos la efectividad de las nanoestructuras utilizadas como vehículo de bacterias promotoras de crecimiento vegetal tanto en almacenamiento como en un cultivo de lechuga, y encontramos que tras un año en almacenamiento las bacterias seguían activas; mientras que al aplicarlas en el suelo de cultivo de las lechugas se mantienen activas durante todo el desarrollo de la planta”, indicó.