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El padre no se despega del televisor: ve fútbol argentino, español, Premier League, liga italiana, liga mexicana, partidos de selecciones… ¡y la MLS del fútbol estadounidense! El hijo es muy parecido, aunque como buen joven de hoy es más de equipos que de Ligas: el Manchester City, el Arsenal, el Brighton, el Como («juegan amigos míos»), Independiente y Argentinos Juniors, en su país, y el Real Madrid, claro, punto de unión entre padre e hijo, entre Fernando y Federico Redondo.

Fernando, de 56 años, que entre 1994 y 2000 dejó una huella fuerte en España como mediocampista del Real Madrid, y antes del Tenerife, desde donde dio el salto al Bernabéu, de la mano de Jorge Valdano. Federico Redondo Solari, de 22 años, nacido en Madrid y desde esta nueva temporada mediocampista del Elche, que hoy debuta en su regreso a Primera frente al Betis, tras pasar un año y medio en el Inter de Miami jugando con Lionel Messi. Esas son las credenciales de esta casta que promete prolongarse en los terrenos de juego.

Una saga de fútbol

La historia de los Redondo desborda fútbol, y no es aventurado decir que, sin el fútbol, el nuevo jugador del Elche no estaría en este mundo. Federico es hijo de Natalia, que es a su vez hija de Jorge ‘Indio’ Solari, el argentino que dirigía al Tenerife, ese equipo que en 1992 y 1993, ya con Jorge Valdano al frente, dejó al Madrid sin Liga en la última jornada para que el trofeo se fuera al Barcelona. Redondo, que brilló en el equipo canario, se enamoró de la hija de su primer entrenador allí. Se casaron y tuvieron tres hijos. Federico, el menor, es sobrino-nieto de Santiago Solari. Cuando la familia se reúne en la mesa de los domingos, el tema de conversación está claro: fútbol.

«Siempre le pido consejos a mi papá, y solemos hablar mucho de los partidos», dijo el nuevo jugador del Elche a medios argentinos. Federico intenta jugar como su padre, y decir eso es decir mucho, porque el Redondo joven tiene al ex Real Madrid en las alturas.

«Casi no hay jugadores que, en ese puesto, hicieran todo lo que hacía mi padre. Es decir, él recuperaba, hacía de enlace entre defensa y ataque, eludía rivales para adelante siendo un número 5», dijo meses atrás en una entrevista con La Nación.

«Era tres jugadores en uno: estaba en toda la cancha, le daba equilibrio al equipo… era muy completo. Yo creo que mi padre fue el mejor de la historia en esa posición», remató Federico, que al igual que su padre se inició en Argentinos Juniors, el equipo que vio nacer a Diego Maradona y que en 1985 hizo tambalear a la entonces todopoderosa Juventus en la final de la Copa Intercontinental. Ese año marcó el debut de Fernando en la primera división del fútbol argentino, y nueve temporadas después llegaría al Madrid. La salida del equipo, en el 2000, lo vio enfrentado al entonces y hoy presidente Florentino Pérez, al que no le gustaban los aires de rebeldía del argentino.

Tres años más tarde, jugando en el Milan y ya en el año final de su carrera, Fernando fue padre de Federico, que nació en Madrid. Una historia con puntos de contacto con la de otra familia ilustre del fútbol argentino: si Diego Simeone y Fernando Redondo fueron compañeros de equipo de Maradona, sus hijos, años después, han sido compañeros de equipo de Messi.

«El sueño de mi generación es llegar a jugar con Leo, para mí, el mejor jugador de la historia. Jugar con él fue un sueño hecho realidad, y cada minuto que pude compartir con Leo lo disfruté al máximo», añadió.

Fueron 60 partidos en el Inter de Miami con dos goles y cuatro asistencias, pero fue sobre todo una gran experiencia. Desde compartir partidillos informales con David Beckham («no se mete mucho, pero de vez en cuando se suma y cuando le pega a la pelota te das cuenta de que la técnica sigue intacta»), hasta la posibilidad de disputar el reciente Mundial de Clubes. Y en paralelo, la consolidación en la selección argentina, con la disputa del Preolímpico en la categoría sub-23 y un buen panorama en la absoluta.

Con visión de juego, precisión en el pase, gran recuperación e inteligencia táctica, Redondo es un Redondo. Ya lo dice el Elche: «La elegancia se hereda».