El mapa político que Morena construyó a golpe de victorias electorales durante los últimos ocho años ha comenzado a agrietarse. El bloque político que gobierna 24 entidades y la presidencia de México encara la elección intermedia de 2027 con un escenario muy distinto al de los procesos que lo llevaron a convertirse en la maquinaria electoral más poderosa del país. El principal desafío no proviene de la oposición. En un puñado de Estados de los 17 que renovarán gobiernos el próximo año, el desgaste de sus propias administraciones y la guerra interna por las candidaturas amenazan con convertir al oficialismo en su peor adversario.


