Por Margarita Ladrón de Guevara Heresmann
En un tiempo anterior a la ilimitada posibilidad de internet, uno aguardaba el periódico de cada mañana con una urgencia que ahora es difícil de imaginar. Se establecía una relación amistosa con la lectura al intercambiar silenciosamente puntos de vista con los articulistas e incluso tomar nota mental de lo leído para después argumentar en alguna charla de café o de sobremesa.
Hago mención de esta rutina no por nostalgia, creo que nuestros tiempos tienen otras dinámicas valiosas, sino porque quiero poner en contexto mis ideas y convicciones: el leer un periódico impreso era un acto democrático que atravesaba toda escala social y cultural: lo mismo en la plaza que en el restaurante, en la cocina de casa o en el camión, el periódico conducía las ideas que eventualmente moldeaban la opinión pública. Y en los tiempos actuales de redes sociales y acceso inmediato y abrumador de imágenes, información y basura, el control por el conocimiento es todo menos democrático; la esfera pública habermasiana se ha atomizado en comunidades de “amigos” controladas y observadas por una empresa. El libro que hoy nos reúne, “En Contexto. Reflexiones en 100 columnas” de mi querido amigo Rodrigo Romo, nos lo advierte repetidamente.
Pero de eso hablaré más adelante. Sólo los quiero poner en contexto.
Yo, en algún momento no muy lejano de mi vida, escribí una columna también. A diferencia de Rodrigo, yo la escribía en el fragor de la redacción del periódico, el viernes en la noche, con la velocidad que te exige la hora de cierre.
Con Rodrigo comparto esa euforia por la entrega, por la velocidad de seleccionar una idea, estructurarla con lógica, creatividad y conocimiento suficientes que atraiga, retenga y conserve la atención de los infieles lectores.
Si bien Rodrigo no está en esa especie de caos ritual que era una redacción, sí compartimos la presión adictiva de la hora de cierre autoimpuesta para la entrega semanal de cada texto.
Imagino entonces a Rodrigo sintiendo la chispa de la inspiración e ir desarrollando mentalmente el tema, palabra por palabra, a lo largo de los huecos que su vida cotidiana le permita (entre su calidad de padre, esposo y gurú de los aficionados a la música del siglo XX, historia antigua, mitologías, submarinos nucleares o videojuegos de épicas batallas); entonces, al sentarse a escribir, Rodrigo ya tiene estructurado el argumento y seguramente a la mano libros y documentos que le sirven de andamiaje para su entrega semanal. Y lo que uno lee en escasos 10 minutos, seguramente le tomó a Rodrigo varias lecturas y relecturas, revisitar datos, comprobar fechas y entramar palabras que, de manera contundente, le abran al lector un camino hacia un conocimiento nuevo sobre algo de su día a día -ya sea sobre política comparada o la impronta que el ser humano ha dejado en el planeta-.
Es así que Rodrigo nos aporta ese gozoso momento de lectura que un lector de periódico anhela todos los días para tener algo en qué pensar y reflexionar, debatir o defender. Y gracias a que Noticias conserva esa sabia intención de informar a sus lectores a través del pensamiento de sus colaboradores (y no sólo de los hechos del político en turno o del empresario de moda), es que el periódico sigue siendo ese remanso de seriedad y certeza matutina frente al apabullante universo de las redes sociales, algoritmos e inteligencia artificial (o como lo llama Rodrigo: estadística aplicada).
Todo el que escribe una columna de periódico acaba repitiéndose y volviéndose previsible a sus lectores (y esto no es necesariamente malo, al contrario, uno busca tal o cual columnista precisamente para coincidir o disentir de un tema de interés mutuo); y en el caso de Rodrigo, puedo separar cuatro grandes temas que le obsesionan, repetitivamente, y que están contenidos en el libro. Pero de eso hablaré más adelante.
Primero, quiero terminar mi idea inicial: El paladeo de la escritura que te informa, esa que no es literatura, pero te envuelve en el pensamiento de quien escribe. Porque escribir para un periódico es echar mano de los recursos que tiene un escritor para aplicarlos, con los cinco sentidos, en lograr que resuene en la mente del lector una historia inspirada en lo inmediato del día.
Porque sí, sabemos que las noticias son los ladrillos de un periódico y es lo primero que un lector busca, pero los articulistas y columnistas son el acabado fino, es el mármol en el baño, el granito de la cocina, las celosías de concreto polimérico en la fachada… En el periódico debe caber la noticia y el reportaje del día, pero también la observación amplia de la vida.
Así, llegamos entonces a “Imagen y Pensamiento” del periódico Noticias de Querétaro, una página que alberga la saludable combinación entre verdad y poesía (como dijera Goethe). Y ahí, “En Contexto”, una columna que se compromete con los temas inmediatos pero que tiene el temple necesario para no ser puramente actual, sino que les recuerda a los lectores (y a los editores del periódico) que la actualidad es mucho más amplia que las últimas noticias.
Publicada a lo largo de 4 años, la columna de Rodrigo nos abre varias puertas. Primero, la certeza de encontrar un pequeño universo de ideas entre sus líneas, en el que se vislumbran las muchas lecturas que su autor tiene encima, desde otros periódicos y fuentes de información y noticias, hasta poesía, filosofía e historia. Segundo, el ánimo de un autor por sacudir las conciencias de sus lectores, de despertar del adormilamiento intelectual a aquellos que en su vida cotidiana se conforman justamente con la noticia seca, de datos y hechos: Rodrigo te grita desde su columna las razones para desconfiar de la cifra alegre, de la declaración optimista. Y, por último, el gusto por compartir el disgusto, el enojo permanente. Rodrigo nos muestra en su columna el inconformismo constante de aquel que sabe que el mérito no es ser un luchador incansable, sino que a pesar de estar cansado sigues luchando. (Mafalda dixit).
¿Por qué en un periódico y no en el Facebook, que es a donde se ha trasladado la esfera pública? Porque he llegado a la conclusión de que Romo es, ante todo, un humanista irrestricto.
El concepto tradicional de la esfera pública —teorizado por Jürgen Habermas como un espacio de debate abierto, democrático y racional— ha sido absorbido y reconfigurado por las plataformas sociodigitales en donde el ser humano es un mero punto en el algoritmo que lo controla todo. Romo sigue confiando en la validez del periódico que, por efímero (no hay nada más viejo que un periódico de ayer), permanece en la memoria de los lectores como algo preciado. A diferencia del desplazamiento dactilar frente al teléfono, con el periódico estableces una relación que va más allá, porque genera cohesión en torno a una agenda temática compartida por la sociedad, alguien que comparte tu misma ciudad, camina tus banquetas y es real.
Congruente con su esencia crítica, inconforme y humanista, Rodrigo compiló 100 entregas y le apostó al libro como una herramienta más a través de la cual llegar a las conciencias de los lectores. Y sabemos entonces que cada artículo o columna debe sostenerse de manera individual al ser extraído de su ecosistema diarista y ser parte de un libro, donde va a convivir con otras columnas escritas con mayor o menor prisa, con mayor o menor enojo. Al trasladarnos al libro, la relación con el tema y el autor cambia, pues la periodicidad de una columna leída en el periódico, marca su propio ritmo de lectura, la hace atractiva por efímera, disfrutable por urgente.
Pero, al convertirse en un libro, uno decide cuándo y dónde leer, cuánto tiempo le va a dedicar a recorrer una tras otra o si, por el contrario, va a saltar de página para ir hacia una más, pasar de largo las otras, y así hasta recorrer u omitir las cien compiladas.
Encuentro entonces que Rodrigo tuvo a bien determinar cuáles son los temas que le obsesionan y cómo reunirlos en el libro para poder ampliar el espectro de atención y gusto de sus posibles lectores, esos que no son fieles a lo efímero del periódico, sino que se deleitan con la calma que reclama la literatura.
Aquí entonces los grandes temas que yo destaco en el libro que lleva el buen título de “En contexto. Reflexiones en 100 columnas”.
1.- Transición energética: Contrasta los esfuerzos científicos globales en fusión nuclear con el retroceso galopante de México, que, en vez de abrasar las bondades de las energías limpias, continúa promoviendo y subsidiando combustibles fósiles.
2.- El concepto del Antropoceno: Explica cómo la actividad industrial humana ha dejado huellas geológicas permanentes (tecnofósiles, plásticos, residuos nucleares) que exigen una reconexión armónica con la naturaleza.
3.- El llamado a la contemplación y a recuperar los valores cívicos: Recurre a las enseñanzas del estoicismo, la filosofía humanista y referentes literarios para proponer la introspección, el pensamiento crítico y la resistencia ética contra el abuso de poder.
4.- Cambio climático e inacción: Advierte sobre la urgencia de adoptar medidas ante la escasez de agua, las olas de calor y la destrucción ambiental causada por el consumismo.
¿Quién puede quedarse impávido después de leer “En Contexto”? Una voz tan crítica, tan incisiva, tan catastrófica debe forzosamente ser de un humanista (Y como buen humanista, Rodrigo es bibliófilo, pagano y buen amigo).
Con este libro, emanado de la columna semanal de “En contexto”, Rodrigo nos muestra su libre pensamiento, su compromiso con la investigación y la esperanza en la capacidad de mejora del ser humano.
Al estilo de la gran Sarah Bakewell, este es un libro panorámico, didáctico, más extenso que profundo, dirigido a un público no especialista pero sediento de información que nos explique por qué tenemos esa sensación de engaño, de que algo no anda bien, de que hay que poner más atención en la realidad.
Con este libro, Rodrigo nos ayuda a remolcar el barco náufrago que llamamos actualidad iluminando el océano oscuro de conformismo y pasividad. Leamos pues “En Contexto”, sacudámonos las certidumbres y dudemos.
En conclusión, déjenme recurrir a otro gran humanista, Lorenzo de Valla, para enunciar las certezas que me ha dejado la lectura de “En contexto. Reflexiones en 100 columnas”: la disputa y la contradicción, no la veneración y la obediencia, son la esencia de la vida intelectual.



